De indignados a indignantes

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en poco espacio de tiempo, poco menos de dos años, el gobierno municipal de Ferrol, que preside Jorge Suárez, ha logrado invertir el sentido de un término que vino a definir todo un movimiento social –y por extensión político– común a otros países, fruto de la crispación ante la grave crisis económica que sacudió a buena parte de Europa, empezando por España. Los indignados todavía existen –y deben seguir existiendo– porque no se comprendería una mejor definición para poner de relieve la frustración, el desengaño que la clase política ha otorgado, en forma de miserables “dádibas” a cada uno de sus ciudadanos. Lo que Suárez no distingue sin embargo ahora –al igual que su exsocia Beatriz Sestayo– una vez constatada de nuevo la áspera e inconsistente política que practican –a la vista está el último pleno– es que esta lo único que hace es “irritar o enfadar vehementemente a alguien”, tal y como define el RAE la indignación.

De indignados a indignantes