El hechicero vigués acaba con el efecto de la magia china

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POCO duró el efecto de la magia china. Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, parecía otro a su regreso. Hasta daba la impresión de que le habían hecho efecto las buenas vibraciones que dejó Paco Vázquez, el coruñesismo hecho hombre, cuando se fue hasta Shenzhen para recoger el premio Nations in Bloom que reconocía su heroísmo en la lucha contra los desastres medioambientales de Bens y del “Mar Egeo”, pero qué va. Un par de días en casa, el tiempo necesario para superar el jet lag, y ya está otra vez hechizado. Tan hechizado que ve los molinos de Eirís como si fuesen gigantes y denuncia que fuerzas del mal azuzaron a los vecinos para que se levantasen contra el proyecto Mi Casita. ¿Pero no tenía a Iago Martínez, el Rasputín de Teis, para que le desordenase los movimientos vecinales? Pues habrá que exigirle resultados, ¿no? Y para colmo asegura que la Marea, nasía pa’ganá, nunca pensó en acomodar a unos sintecho en el centro cívico de Monte Alto... pese a que un comunicado municipal del 14 de noviembre informa sobre ese plan. Uy, uy, uy, qué mal estamos en cuanto quedamos bajo el influjo del chamán vigués.

El hechicero vigués acaba con el efecto de la magia china