¿Quién nos pone la pierna encima?

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Resulta triste levantarse un día y darse cuenta de que no somos los mejores. En un país que pasa del todo a la nada sin estaciones intermedias, la no concesión de los Juegos Olímpicos a Madrid parece haber sumido en un estado de profunda depresión a la mitad de la población. La situación es similar a la que se produjo cuando estalló la crisis económica.
Pasamos de la Champions League de las finanzas a alinearnos con los PIGS (cerdos) bajo amenaza de rescate. Y, nosotros, que llevábamos años viviendo como millonarios, descubrimos que la burbuja inmobiliaria era, en realidad, una burbuja generalizada que se llevó por delante a constructoras, a bancos, a empresas grandes, pequeñas y medianas y, lo peor, seis millones de puestos de trabajo.
En lugar de buscar el modo de revertir la situación, nos flagelamos imaginando que el universo nos odia, sin darnos cuenta de que, por suerte, el universo ni tan siquiera sabe que existimos. Nos tienen manía y buscamos en nuestras miserias los motivos de esa tirria sin mesura que nos manda al furgón de cola, lejos del paraíso, un puesto que, por supuesto, no nos corresponde.
Eso sí, ni un ápice de autocrítica, no vaya a ser que algún día podamos aprender de nuestros errores. Nos conformamos con culpar a una maquiavélica conjura que resulta doblemente efectiva porque es imposible de demostrar.
De la judeo-masónica-marxista a la de los “barrigasagradecidas” del COI, pasando por la del Maine o la de la Armada Invencible, la historia de España está unida, intrínseca e inseparablemente, a la mala fe de unos cuantos malnacidos que se empeñan, por razonas oscuras, en tocarnos las narices de forma tan reiterada.
Solo nosotros somos responsables de nuestro futuro y el modo en el que afrontemos nuestro presente marcará los tiempos venidos. Hasta tres veces acudimos al COI llevando el mismo proyecto de Olimpiadas y no fue suficiente con que en dos ocasiones nos dieran con la puerta en las narices.
Todavía necesitamos una más para verificar del modo más cruel que Madrid se queda sin Juegos no porque un misterioso alto cargo de una federación israelí tuvo que ir al servicio en el momento de apretar el botón. Y lo peor es que todavía hay quien plantea la posibilidad de buscar los Juegos Olímpicos de 2024 volviendo a llevar esos estadios que ya están construidos al 86% y que, para aquellas fechas, habrá que demoler porque ya no se ajustarán a los mínimos de seguridad requeridos para espacios públicos.
Por supuesto, si volvemos a perder, será por la rotación de los continentes, por la incontinencia urinaria de uno de los miembros del COI o porque Sagitario pasa por Capricornio, muy cerca de Leo y esa conjunción impide ganar una votación. La culpa jamás será nuestra.

¿Quién nos pone la pierna encima?