Perdiendo fuelle

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En la Iglesia Católica siempre hubo, y hay, cuatro patas diferentes, que son como agua y aceite en el mismo recipiente, no se mezclan. Por un lado, las pastorales de acción social y caridad, por otra los fieles, la espiritual y la Jerárquica, ésta con dos torneados: el Episcopal y el Vaticano. Diferentes castas, al igual que en toda organización, que, evidentemente, generan disensiones sobre todo entre las bases y las cúpulas; ha sido así en todas épocas y con mayor o menor virulencia. Tales diferencias, muchas veces intransigentes, son las que han traído a la Iglesia los problemas que ya no puede ocultar. Y sí el Espíritu no lo arregla, como siempre se argumentaba por las jerarquías, es porque quizás no le guste lo que ve; digo yo. 
Tales barros, han traído estos lodos: Pérdida de confianza en la Iglesia y por tanto de fieles, sentimiento de una jerarquía distante y con aparente gusto por el poder, que juntos construyen la realidad, salvo alguna excepción, de la poca participación de los creyentes en los actos litúrgicos ni en las necesidades de la propia Iglesia. Participación que no baja tanto cuando su fin son las pastorales de acción social que tienen, al revés que la jerarquía, un alto grado de respaldo y reconocimiento con una muy alta valoración social. 
Ejemplos que confirman mi tesis hay muchos, pero por elegir uno cercano, nuestra Diócesis. Reflexionen sobre ella. No consigue sensibilizar sobre proyectos de rehabilitación que necesita la participación popular; ha tenido que cerrar hace unos días la librería Chamorro especializada en libros católicos (una lástima); no crece, más bien al contrario. Parece que está abocada a desaparecer. Sin embargo, cuando se trata de Manos Unidas y Cáritas, la respuesta es mayor. ¿Por qué? Hay que arreglar la desconexión y la culpa no es de la sociedad que se ha secularizado, quizás la hemos secularizado; mejor dicho, la Iglesia Jerárquica se ha separado de la Iglesia de base, de la activa y la pasiva, que tiene otra mirada y respira otro aire. Parece que el Papa en vez de escoba, se trajo un plumero y además, desplumado.

Perdiendo fuelle