LA JUSTICIA DISIDENTE

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La actitud del estado francés con respecto a la expulsión de una familia de origen aún incierto (¿kosovar, rumano, italiano?) con una hija en plena escolarización, ha comprometido la praxis “socialista” del gobierno. Sin necesidad de entrar en los detalles, bien desarrollados en el informe del Ministerio (en línea para quien lo quiera leer), resulta patético y lementable el circo de desafortunados cruces dialécticos habidos al respecto, desde un ministro del interior, hispano-francés, que olvidando su propio álbum biográfico, aplica la positividad de la regla con toda la contundencia despiadada que nace al confundir justicia y derecho, hasta el presidente, que templada e inoportunamente (con el cosecuente deterioro de su imagen pública) sale a ofrecer una solución de mínimos a la joven Leonarda, haciéndola decidir entre su familia y el retorno a una Francia que se equivocó, pero que todavía le ofrece la noble escolaridad en una sociedad de igualdad, fraternidad y libertad. Mon Dieu! “En estos momentos están poniendo bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranvías. Si la justicia es eso, prefiero a mi madre” (Albert Camus, dijo).
Nadie puede negar el apego a lo concreto. Una madre es lo concreto. La justicia, en cambio, es  una abstracción. No obstante, ¿cómo vivir en un mundo donde hayamos perdido todo anhelo de justicia, de belleza o de esperanza? Sin darnos cuenta, poco a poco lo vamos sabiendo, transitando por este lúgubre escenario donde ya se ha anunciado la muerte de todo,  desde el famoso fin de la historia neoliberal hasta la no menos cacareada muerte del arte de la que habló el hoy fallecido Arthur Danto, sin que horas después, sobre el Google, haya una sola nota en español sobre dicho deceso (solo aparecen noticias en inglés y algunas referencias en francés). Sí, poco a poco lo vamos comprobando en nuestras carnes, en este paseo por la vida desnuda y salvaje, “I said, hey honey, take a walk on the wild side” (RIP for Reed, que también ha cruzado a la otra orilla) y debemos reconocer que no es agradable un mundo donde la derrota de la esperanza es compensada por una última y misérrima promesa de consumo. Justamente, algunas de esas abstracciones pueden salvarnos de ese mundo de consumo fungible y miseria concreta.
Pero, en el caso de la justicia, la actitud no radica en clamar que derecho y justicia sean lo mismo, cuando conviene, y que los tribunales se equivocan cuando su decisión deja en la calle a personas non gratas, como acaba de ocurrir en España. Una decisión injusta puede ser legal y, si queremos desligar ambas cosas, entonces habremos de ser coherentes y de reconocer que lo que el derecho logra, en el terreno de lo concreto, y lo que la justicia ambiciona, en el horizonte de la utopía y de la abstracción, nunca han sido ni serán lo mismo.
Por eso, aquellos que, sin sufrir una pérdida personal que comprometa su juicio, ahora salen a la calle a reclamar la desobediencia jurídica frente a Estrasburgo, deberían tener la decencia de callarse la boca cuando un número igual y mayor de personas salen a reclamar la desobediecnia civil frente a un sistema que mata legal y diariamente a miles de personas en todo el mundo. Pero esto no lo reconocen aquellos que viven de limpiar la sangre que no les pertenece.
Un ejemplo de esta inmundicia ética y de su hedionda retórica lo tenemos en la página web de la empresa Konecta, de la que hace pocos días fue despedida una trabajadora, por no asistir al trabajo el día de su desahucio, y cuya estructura de funcionamiento le costó la vida, hace algo más de un año, a la trabajadora marroquí Latifa.
En dicha web leemos: “En Fundación Konecta desarrollamos proyectos de formación, investigación, sensibilización y divulgación que contribuyen a mejorar la calidad de vida y las posibilidades de integración social y laboral de colectivos en riesgo de exclusión”. ¡Qué ofensiva burla! Pero Konecta, empresa capitalizada mayoritariamente por el Banco Santander,  no actúa sola, sino que se sirve de la reforma laboral puesta en marcha desde las cobardes maniobras de los despachos políticos. ¿Y quién denunciará que esta ley tampoco es justicia? En el mundo entero están funcionando empresas que aniquilan al trabajador que no aguanta el ritmo. Tú podrías trabajar en una de ellas. Si esa es la justicia, te prefiero a ti.

LA JUSTICIA DISIDENTE