España y las leyendas (2)

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A raíz del artículo anterior, siempre surge la duda del por qué evolucionó de forma tan diferente el continente americano desde la época del colonialismo a nuestros días.
A diferencia del resto de los países, con un desarrollo desigual, Estados Unidos acabó convirtiéndose en la primera potencia mundial en el campo económico y militar, aunque con grandes lagunas sociales como el racismo, violencia, cultura o una media de esperanza de vida inferior a la de treinta y seis países. 
Finalizando el siglo XV y ya en el siguiente los  más poderosos del momento, España y Portugal, se lanzan a la conquista de los territorios descubiertos por Cristóbal Colón.
En 1494, no sin muchas dificultades, negociaciones y conversaciones firmaron el Tratado de Tordesillas sentando las bases para repartirse el Nuevo Mundo y “no estorbarse en la tarea” reparto que desembocó en el actual Brasil de habla portuguesa y el resto de habla hispana.
En esos tiempos Inglaterra era un país débil, de segunda, que se recuperaba con dificultades de la cruenta guerra civil denominada “De las Dos Rosas”.  Todas sus hazañas bélicas se reducían al acoso, por parte de sus piratas o más bien diríamos corsos, a las flotas que transportaban los tesoros del Nuevo Mundo a las poderosas metrópolis antes comentadas. 
Mucho más tarde, casi cien años, en 1588 se produjo la inesperada y sorprendente derrota de la Gran Armada o Armada Invencible de Felipe II lo que provocó el comienzo del declive del Imperio Español y además una “subida de autoestima” de los ingleses  decidiendo que ya era el momento  de sumarse a la conquista.
Con la técnica  conquistadora y militar aprendida y copiada de los españoles, se enfrentaban al problema de que tanto el Sur como el Centro del nuevo continente ya tenían dueños por lo que decidieron probar fortuna por el Norte.
No sin muchas dificultades y un primer fracaso en 1607 fundaron Virginia en la costa Este del actual Estados Unidos. Precisamente la  naviera “Virginia Company” era la encargada de la tarea que se torció mucho más de lo esperado.
La necesidad de acudir a estas costas por estar libres les llevó a descubrir una realidad bien distinta. 
Para su sorpresa, además de un clima mucho más inhóspito, estos territorios no tenían riquezas como el oro o la plata; estaban mucho menos poblados que el resto del continente y lo más preocupante, sus indígenas no estaban dispuestos a dejarse conquistar fácilmente y menos trabajar para los nuevos “alienígenas”
El sistema español de imponerse y sustituir a los reyes autóctonos para que la población trabajase para ellos, aquí fue imposible, las encomiendas no se podían implantar, las riquezas naturales no existían y “solo quedaba trabajar”.
Teniendo en cuenta estas circunstancias y la seria resistencia de los nativos; viendo la dura realidad el Capitán Smith de vuelta a Inglaterra pidió menos militares y más profesionales: carpinteros, labradores, pescadores, hereros, etc. La tierra había que ganársela.
Los nuevos colonos, a la vista de que “el que no trabaja no come” pronto empiezan a rebelarse contra las duras condiciones impuestas por la Virginia Company y en 1720, no sin oposición, trece colonias elijen su propia asamblea y gobernador, celebrando en 1774 el primer congreso continental que no deja de ser el preludio de la independencia de los Estados Unidos de América. En 1787 se redacta en Filadelfia la primera Constitución.
Las incipientes instituciones inclusivas con la instauración progresiva del voto universal y la abolición de la esclavitud, uno de los motivos fundamentales que provoco su guerra de secesión, fueron los pilares del progreso de un territorio que se convirtió en la tierra abierta de las oportunidades para todos.
Otra diferencia notoria en estos territorios fue la política rotundamente opuesta a los españoles de mezclarse con los aborígenes, lo que desembocó en las famosas reservas de territorio indio que progresivamente  fueron reduciendo hasta acabar prácticamente con la población autóctona.
Finalmente el clásico y verdadero estilo de conquista inglés, belga u holandés, reflejado en el subdesarrollo y evolución de sus otras colonias en África y Asia había fracasado.
Un rotundo error de cálculo del Imperio de la Gran Bretaña y no otras circunstancias fue lo que, en contra de sus intenciones,  hizo crecer las raíces del actual imperio americano, sueño y meta de muchos que favoreció la iniciativa empresarial, emprendimiento y desarrollo tecnológico actual.


   

España y las leyendas (2)