La mediocridad se impone

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Son muchas las voces que se levantan preguntándose qué nos está pasando. Todo son problemas y no se atisban soluciones nuestros gobernantes parecen gallinas sin cabeza que corren sin un rumbo definido, sin hoja de ruta, sin ser predecibles, en definitiva. Desde hace mucho tiempo las incertidumbres ganan a las certidumbres. Todos los problemas que tenemos tienen un denominador común: el bajo perfil de los gobernantes que rigen nuestras vidas. Los mediocres huyen y apartan a la inteligencia como quien huye de la peste, no vaya a ser que pierdan sus privilegiadas posiciones. Todo se pone en tela de juicio, desde la jefatura del estado hasta el sistema democrático que hemos conquistado entre todos.  Que Podemos pretender acabar con la monarquía constitucional es un hecho y para el nuevo modelo de estado cuentan con mentes preclaras, Echenique, Garzón, Irene Montero, Pablo Iglesias etc. etc. Y claro, con ese equipo cabe predecir el final del proceso, un desastre. A ese equipo se suma Adriana Lastra, la osada socialista sin formación que se atreve a mandar callar a González, Guerra o Ibarra entre otros.

La tal Lastra es el ariete de Pedro Sánchez para atacar a sus compañeros de partido y a toda la oposición, tarea que le queda grande lo mires por donde lo mires. Esta ensalada se completa con los herederos de ETA que conforman Bildu y con el premio Nobel Rufián, que cada vez que abre la boca hace honor a su apellido. Este fenómeno, al que España le importa un “carajo”, según el mismo, defiende la independencia de Cataluña y responde con cañonazos a cada sugerencia que cualquiera realice sobre esa autonomía española que el republicano entiende como propiedad privada del independentismo. Eso sí, con dos narices se atreve a decir como debe de ser la política fiscal de Madrid y recibe el apoyo de un Pedro Sánchez capaz de decir una cosa y su contraria en la misma frase y quedarse tan tranquilo. En la gestión de la pandemia también se impone la mediocridad y el tal Simón es el mejor exponente del espíritu de la contradicción que tan pronto te dice que las mascarillas no son necesarias como al día siguiente te cuenta que son obligatorias.

Resulta curioso como se atacó a la presidenta Ayuso para, al final, acabar por hacer lo mismo que ella, copiándole como lo hacen los malos estudiantes, es decir, copiándole mal. Los resultados de las políticas anti-Covid de la comunidad de Madrid están a la vista y ya tienen el reconocimiento de la comunidad científica. La mediocridad quiso incluso montarle una moción de censura que, naturalmente fracasó. Y como no pudieron con ella ahora la atacan por su política fiscal, que ha dado excelentes resultados de recaudación y que debe de tener contentos a los madrileños porque desde hace muchos años renuevan su confianza en el centro derecha para regir su comunidad. La ciudadanía no reconoce ya ninguna voz gubernamental como fiable y ello conlleva un grave desapego con la política y las instituciones que se traduce en la pérdida de la calidad democrática de nuestro país arrastrados, una vez más, por la mediocridad.

Podría poner docenas de ejemplos para avalar esta afirmación, pero es innecesario, ustedes los conocen bien, es más, los padecen con ejemplar resignación. Lamentablemente hemos de reconocer que la mediocridad se ha instalado en los mandos del poder y solo cabe esperar a que los ciudadanos podamos tomar de nuevo la palabra para recuperar la calidad de vida que ansiamos. Ojo, en Venezuela no lo consiguieron y la pobreza se impone allí de la mano, como no, de la mediocridad, piénselo.

La mediocridad se impone