La purga empieza por la mudanza en el Congreso

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SI a las pérdidas económicas se las denomina crecimiento negativo y a la emigración por culpa del desempleo movilidad exterior, a la purga se le puede llamar redistribución, recolocación o mudanza, pero no deja de ser una purga. Porque ya es casualidad que todos los errejonistas, incluida Tania Sánchez –donde hubo fuego, cenizas no quedan–, hayan sido enviados al gallinero. Tampoco es consecuencia del azar que Carolina Bescansa, la burguesa compostelana a la que le dio por pintar de aburrido morado una vida que iba a estar llena de colores vivos, haya pasado de la segunda a la tercera fila. Pero con todo el más perjudicado es Íñigo “El niño de San Ildefonso” Errejón. Solo ha pasado de la primera a la segunda fila y no era cuestión de estar entre Pablo “Viva la Gente” Iglesias e Irene Montero, impidiendo que hiciesen manitas, pero tener de compañero de escaño a Garzón, no Baltasar, sino Alberto es peor que ser deportado al gulag.

 

 

 

La purga empieza por la mudanza en el Congreso