Salvar a España

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No hace mucho el líder de Izquierda Unida, antes de ser abducido definitivamente por Podemos, declaraba su deseo de salvar a España ¡Nada menos que de salvar a España! Ante semejantes intenciones uno no puede dejar de quedarse estupefacto; sobre todo, cuando las hace un político al frente de un partido no solo minoritario, sino que representa a los antiguos comunistas, los mismos que ya quisieron salvar a España y a todo el mundo, dejando una herencia de horror y de tiranía totalitaria.
Siempre he dicho que prefiero creer en una hipotética salvación eterna, que en la que me puedan proporcionar los políticos. A mí me parece que, bastantes veces, no digo que este sea el caso, lo que quieren algunos de nuestros representantes públicos es, como se dice vulgarmente y con perdón, salvar su culo. No es que no crea en los ideales, es que no me fio y los propios políticos no debían tener tanta confianza en sí mismos. Por lo que se ha visto, nuestro líder comunista no debía tenerlas todas consigo cuando, para lograr sus altos ideales, se ha acabado aliando con los populistas, que quieren salvarnos de nosotros mismos, sobre todo a los que tenemos convicciones distintas a las suyas.
Aunque el asunto es bastante serio, me recuerda el chiste del accidentado que sale de su coche en llamas y un camionero intenta ayudarle. Como no tiene extintor, el conductor del camión se quita el mono de trabajo y la emprende a golpes sobre el individuo para sofocar las llamas. Pero el pobre damnificado, lejos de mostrar agradecimiento, no deja de gritar: “¡déjame morir!”, “¡déjame morir!”…A pesar de todo, el bueno del camionero, pensando que los gritos eran fruto de la desesperación, continuaba en su intento por apagar a golpes al incendiado, hasta que finalmente la víctima le dice: “¡déjame morir o saca la llave inglesa del mono!”.
Estos salvadores de la patria tienen bastante peligro, uno se pregunta de qué o cómo nos quieren salvar. Supongo que será, entre otras cosas, de la corrupción, aunque me da a mí que no es eso lo que más les preocupa. Quizá nos quieran salvar, como decía antes, de nosotros mismos, de que podamos pensar por nuestra cuenta y no nos acomodemos a lo que la masa, que ellos manipulan, diga o quiera. A lo mejor no les gusta que defendamos la ley y el orden, las medidas para vivir conforme a nuestras posibilidades; también conforme a nuestros méritos. Es mejor vender a la gente una falsa perspectiva de pueblo feliz y próspero, una vez liberados de las cadenas que les oprimen. El problema es que las supuestas cadenas no son otra cosa que nuestra propia libertad, moralidad y humanidad, a las que al parecer hay que renunciar para alcanzar la felicidad prometida.
 

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