Volver a empezar

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Dos hechos relevantes marcaron el inicio de 2017, el atentado en el que murieron 39 personas que estaban celebrando el fin de año en el club Reina de Ortaköy de Estambul y la toma de posesión de Trump como 45º presidente de los Estados Unidos de América. El primero, común denominador mundial de inseguridad; el segundo, por su influencia en las relaciones internacionales.
Efectivamente, Un sinfín de atentados por los cinco continentes sembró el pánico en París, Londres, Hong Kong, San Petesburgo o Damasco, incluido el atropello masivo en Barcelona que causa 15 muertos y más de un centenar de heridos.
Por otra parte, el mandatario norteamericano puso patas arriba el orden político y comercial internacional, ya de por sí bastante maltrecho, con Rusia y China como actores relevantes. Su populista lema “América, primero” llevaba implícita la xenofobia, la obsesión por la derogación del Obamacare, los anuncios de abandono del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica o del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, la reducción de impuestos a sí mismo y sus compatriotas ricos, para terminar el año reconociendo a Jerusalén como capital de Israel.
A su vez, asistimos a una vuelta de tuerca más a la crisis de la Unión Europea, con la aprobación del Brexit por el Parlamento británico después del referéndum de 2016. Traerá cambios de los que todavía no somos conscientes de su alcance.
Hay más. La sempiterna crisis Venezolana, la corrupción en América Latina, el Mediterráneo como continuo foco de conflictos bélicos, ahora Siria, y, por tanto, de crisis migratorias o la preocupación por el armamentismo de Corea del Norte.
En España, por supuesto, el affaire catalán, el problema territorial y de financiación autonómica, el aumento de la desigualdad, la violencia de género y su preocupante derivada, el machismo juvenil, los casos de corrupción que llevaron a la entrada en prisión de ex directivos bancarios, a sentar en el banquillo a la familia monárquica repudiada, Infanta Cristina y consorte, y al presidente del Gobierno Rajoy a declarar como testigo, y se abrió la inédita posibilidad de juzgar a un partido político, PP.
En Galicia, la preocupación por la sequía duplicó las contrariedades al transformarse en espanto por la consecuente oleada de incendios, muestra del fracaso de la política forestal. 
Llegados a fin de año, época de buenos propósitos, sería deseable releer el pasado inmediato para dar una oportunidad al futuro. Nos toca volver a empezar, pero con problemas a resolver que no son un regalo de Reyes, más bien un saco de inquietudes.
 

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