MÁS CUENTOS PARA ADULTOS

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Como ustedes recordarán, el cuento de los hermanos Grimm sobre una malvada bruja que tenía encerrados a unos pobres niños que engordaba para después comérselos, aguanta una comparación con el asunto de los desahucios, donde la banca te “engordaba” para comerte después todo lo tuyo… y más. O, como explicaba alguien ayer durante la manifestación, la táctica de la política marianista que consiste en tenernos a pan y agua para, una vez famélicos, llevarnos al redil de su pastoreo neo-liberal vencidos, esqueléticos, “fodidos”

Lo que pasa es que, hartos de cuentos y de que nos hagan mal las cuentas, los ciudadanos, así en conjunto, los de la corbata y la toga; los del uniforme y la porra; los sanitarios, los jóvenes y los jubilados, queremos escribir nuestra propia historia. De alguna forma ya llevamos tiempo haciéndolo a través de las encuestas que demuestran la desafección ciudadana hacia quienes nos manda, pero hay que seguir añadiendo capítulos.

Vamos con un nuevo cuento, de fantasmas y misterio, que trata de unos apagones que dejaron a oscuras barrios enteros de la ciudad y “mosca” a muchos conciudadanos que se preguntaban si era un modo de reducir gastos… Dicen desde María Pita que es por culpa de los ladrones que roban el cableado, las bombillas, los enchufes y mismo la electricidad… parece un chiste cuando, al tiempo, nos anuncian un plan de mejora del alumbrado, lo que viene a ser confesión de parte: esto está mal y tenemos que mejorarlo, vienen a decir.

Lo que pasa es que, repito, ya no están los ciudadanos para cuentos y cuando el edil de la cosa cuenta en la SER que no conoce cuánto sube el recibo del agua, pero que sabe que aumenta la tarifa por metro cúbico, por culpa del transporte del líquido a la tubería y de ahí hasta el grifo, añadiendo a este esfuerzo, la depuradora, la limpieza de las rúas y los diezmos y primicias para impuestos autonómicos y municipales, además del IVA y ¡ay que se le olvidó! el propio salario del concejal que dice eso de “agua va”.

Otro cuento de cuentas: la Diputación gastó en cambiar el logotipo 18.000 euros (eso sí, pagados en dos facturas para ahorrarse el concurso público) suprimiendo el color verde que es, dicen, color de la esperanza. Aquí el personal ya está desesperado.

 

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