"Adesso parto"

|

Definitivamente, una parte de la clase política ha perdido el norte. En España es  la corrupción, que es la “bacteria” que está dañando todo el organismo nacional. Entre corrupción y desatinos anda el juego. Aunque estos últimos no son exclusivos de la casta carpetovetónica.
Un alcalde italiano, el regidor de la ciudad de Elmas, se propuso acabar con el paro del municipio. Organizó un curso de inglés intensivo, acompañado de unos cuantos boletos de avión “low cost”, para que los parados emigraran a cualquier país de la Unión Europea. Suponemos que los boletos eran solamente de ida. El programa se llama “Adesso parto” (ahora marcho), y está diseñado para los desempleados entre 18 y 50 años de edad.
Los mayores de esa edad no cuentan. No existen. Quizá deberían morirse, puesto que son un estorbo para los políticos. Uno cavila sobre la curiosa “democracia” que la UE intenta vender “urbi at orbi”. Y tal y como se están planteando las cosas no resiste el menor análisis. Ningún régimen que discrimina, que además excluye del mundo laboral a una buena parte de su población activa, puede definirse como democrático. Y mucho menos cuando el derecho al trabajo lo ha convertido en un privilegio.
Las soluciones que algunos políticos intentan poner en marcha son decepcionantes, por no decir otra cosa. Obviamente, los ayuntamientos no son organismos destinados a generar empleo, ese no es su cometido, pero tienen obligaciones con los ciudadanos. Como protestar, presionar, denunciar lo que está sucediendo, etcétera.
Los cargos públicos electos están obligados a dar respuestas. Pero respuestas razonables, humanas, no ofreciéndoles un curso de inglés y un billete de avión para que “desaparezcan” del municipio. Esas soluciones sólo sirven para manipular las estadísticas y decir que ha disminuido el paro. Nada más.
Pero el cinismo forma parte de la cultura política de estos tiempos. En Bruselas no quieren concederle un préstamo de 2 mil millones al presidente ucraniano, Petró Poroshenko, para saldar la deuda del gas contraída con Moscú. Primero apoyaron la revuelta del Maidán, pero como aquel “guión” no salió como esperaban, ahora tratan de escurrir el bulto. No quieren responsabilizarse de un país roto, quebrado económicamente.
De alguna manera –aunque en otro sentido– nos recuerda las falsas promesas hechas a Haití, después del terremoto que sufrió aquel país. Los “donantes” europeos prometieron miles de millones de dólares para su reconstrucción, sin embargo, todavía están esperando en Puerto Príncipe esas ayudas.
Decenas de miles de haitianos siguen viviendo en tiendas de campaña, sin agua potable, sin luz eléctrica, y con terribles problemas de salubridad.
Es obvio que Europa carece de líderes, de estadistas. La diferencia entre un estadista y un político, es que el primero piensa más en el futuro que en el presente, sin importarle las elecciones. El segundo no,  puesto que siempre está obsesionado con la próxima contienda electoral. El futuro le importa un rábano.
Y la Europa de hoy está plagada de estos últimos, la mayoría de ellos vendidos a los organismos financieros. El Viejo continente tiene la peor estirpe política de los últimos cincuenta años, tanto es así, que no saben a dónde lo llevan.
Una cosa es clara: con semejante tropa no puede aguardarle nada bueno. Lo del alcalde italiano es simplemente una anécdota, una más, de lo que está ocurriendo en el sotobosque político europeo.
Albert Einstein decía que si uno busca resultados distintos no debe hacer siempre lo mismo, pero eso no es aplicable a la casta que gobierna. No sabemos si sus políticos buscan resultados diferentes, pero lo que sí sabemos es que siguen cometiendo las mismas estupideces. Sin cambiar las reglas de la “timba”, donde los tahúres de las finanzas se juegan los países con sus habitantes dentro, difícilmente se pueda arreglar nada.
De momento continúa la incertidumbre, sin saber lo que ocurrirá mañana, pasado o el mes que viene. Así que, el desasosiego, incluso una angustia existencial, se está trasladando a toda Europa.

 

"Adesso parto"