ACTITUDES TOTALITARIAS

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Un conocido político dijo aquello de que “el que se mueve no sale en la foto”; o sea, según él, corría el peligro de dejar de ser importante y conocido, en adelante ya no se le tendría en cuenta. Una tragedia para quien ha sido y quiere seguir siendo famoso o influyente. La frase, aparte de la gracieta típica de su autor, además de varias interpretaciones, no deja de tener enjundia. En el fondo recoge una de las principales preocupaciones de todo hombre público: hacerse valer. Bien es verdad que algunos se conformarían con hacerse ver, algo así como ¡eh que estoy aquí y existo¡ O bien ¡No os dais cuenta de lo importante y necesario que soy¡ A todos nos gusta que nos traten con deferencia y nos tengan en cuenta, pero un político lo necesita.
Se trata de una necesidad, que a nivel personal puede derivar en comportamientos poco afortunados, como los que suelen caracterizan al pelota o al “trepa” de turno; pero también, al que habiendo llegado a ser realmente importante y poderoso, vive fundamentalmente pendiente de mantener esa posición.
Pero las que a nivel personal calificamos de actitudes poco afortunadas o ridículas, pueden llegar a ser patéticas cuando quienes las mantienen son los representantes de grupos o partidos  más o menos minoritarios. Son esos que, con ocasión o sin ella, siempre están denunciando  a alguien o a algo, por razones supuestamente muy profundas e importantes, que ni ellos mismos se creen. Son los que siempre andan pidiendo responsabilidades, cuando ellos no asumen nunca ninguna; entre otras cosas porque nadie les otorga la confianza para que lo hagan.
En el fondo se trata de quienes no acaban de “salir en la foto”, pero están deseando hacerlo. Por eso cuando hay un suceso particularmente trágico o escabroso, no tardan en personarse para hacer declaraciones radicales y llamativas, con cara de buenos y responsables. Saben que en ese momento alguien les pondrá un micrófono delante y tendrán su minuto de gloria en el informativo de turno. Dudo mucho, y en esto pido perdón si me equivoco, de que les importen realmente los problemas de los demás. Tampoco tengo demasiada confianza en su amor a la justicia y a la verdad, aunque se presenten como sus principales defensores. Para mí se trata  simplemente oportunistas y charlatanes, necesitados de que alguien les haga caso y se dé cuanta de lo realmente importantes que son o quieren ser.
En el fondo de la cuestión, este es el verdadero problema: lo que representan. Lo que en las personas individuales puede ser el desarrollo de ambiciones legítimas, más o menos bien planteadas, este tipo de grupos que de vez en cuando salen en la foto, para decirnos lo que tenemos o lo que no tenemos que hacer, sobre todo lo que han hecho mal los demás y pedirles cuentas desabridas, representan lo peor de las actitudes totalitarias, aunque sus portavoces vayan disfrazados de adalides de la justicia.

ACTITUDES TOTALITARIAS