Amén

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Tiene cuerpo grande, rostro sereno de aspecto bondadoso y un andar lento. Como si testara la firme solidez del terreno que pisa, o portara un gran peso sobre su cuerpo. Una palabra pausada, clara, concisa y grave. Y un par como dos pilas bautismales. Hablo de Jorge Mario Bergoglio: Francisco I, el último Papa que he conocido. 
Llevo unos cuantos desde Pío XII. Eugenio Pacelli, el que bendijo los cañones de Mussolini. Hasta el actual, muchas cosas han sucedido en el seno de la Iglesia. Algunas con sentido, muchas sin él. Reconozco desde mi falta clerical, que esté es un hombre santo de verdad, y no como otros que han sido elevados a los altares. Todavía no ha hecho un milagro reconocido, pero está buscando uno enorme: A pesar de sus enemigos en la Curia, trata de convertir a muchos fundamentalistas, tipo Antonio Rouco (obispos, arzobispos y cardenales), al cristianismo de verdad. No al que esos practican.

Amén