AFORAMIENTOS

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Dicen que estamos pasando una segunda transición política, atrás quedan las políticas del entendimiento para conseguir un consenso por el bien de los ciudadanos. Después de casi dos meses de las elecciones, seguimos sin formar  gobierno,  y con uno en funciones, en donde torpedear y hacer comparaciones de un gobierno progresista con una banda armada es lo mejor que se les está ocurriendo para progresar. Pataletas de perdedores, que no van más allá que decir adiós a unos privilegios de estado que tendrían que acabarse. 
Debemos ser más serios y dar ejemplo señorías, de nada valen las promesas de transparencia,  si luego hacen uso del poder para apoderarse de lo que no les pertenece, de un capital que pagamos todos con nuestros impuestos, pero la mayoría de las veces, con mucho sufrimiento, porque no todos tenemos esos “beneficios”. Sin ir más lejos, cuánto tiempo se lleva denunciando lo de los sobres, pagos en B, trajes, coches, fiestas y demás y ahora sale a la luz. ¿No se va con cierto retraso? Está claro que la justicia va lenta, y que no es para todos igual. No se nos trata igual a uno que roba millones de euros, a otro, que roba dos gallinas, y tres cerdos, pongamos por caso. Den ejemplo, renuncien al aforamiento, no nos olvidemos que estar aforado consiste en que quién les van a juzgar, no son los jueces diarios, sino jueces de los Tribunales Superiores, que, vaya casualidad, su composición la determinan los partidos políticos mediante su control del Consejo General del Poder Judicial, cuya función es resolver los casos, no investigar y eso lo hace lento, y dan una imagen de que los políticos presuntamente corruptos gozan de un estatuto jurídico “privilegiado”. El debate está más en la calle que nunca,  y se necesita una medida de regeneración democrática, lo que implicaría la reforma de la Constitución de 1978 y de casi todos los Estatutos de Automía, y ¿estamos por la labor? O ¿Seguiremos por el contrario callándonos y mirando para otro lado?
Queda mucho camino por recorrer para que gocemos de una igualdad real, y no somos más personas por la cantidad de ceros que se tengan en una cuenta corriente,  sino quien sabe valorar el coste de la vida, quien sabe valorar el momento o quien sabe perdonar.
 

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