POLÍTICOS DE AYER Y DE HOY

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Una de las crónicas singulares de la Transición la escribió Miguel Platón en el libro “¡Qué políticos tan divertidos!”. Este opúsculo, que vio la luz en 1990, no es un relato de los problemas políticos y económicos que entonces tenía España, ni una descripción de las discrepancias, negociaciones, consensos o pactos que alcanzaron los políticos para poner remedio a aquella situación. 
La singularidad del ensayo está en que ofrece una mirada distinta de aquellos años intensos y convulsos de la vida del país relatando, también con maestría singular, numerosas “anécdotas, patinazos y otras chapuzas nacionales” de una pléyade de políticos del gobierno y de la oposición, que no eran tan serios y perfectos como aparentaban, sino que tenían su vis cómica, incluso en momentos dramáticos, con meteduras de pata sorprendentes.    
Las páginas del libro recogen un amplio anecdotario de políticos como Adolfo Suárez, Felipe González, Fernández Ordoñez, Fraga, Pío Cabanillas, Alfonso Guerra, Peces Barba, Rodríguez Sahagún, Calvo Sotelo y muchos otros que, dice el autor, “son, en general, buena gente”. También son graciosos y, entre decretos, estatutos y debates parlamentarios, “protagonizaron  episodios divertidos y desternillantes”. 
Platón presenta el lado humano, amable y simpático de los políticos que capitanearon la Transición, tan injustamente denostada ahora por quienes desconocen la historia reciente, y abrieron un tiempo de estabilidad política, crecimiento económico y paz social como nunca había alcanzado España, del que seguimos disfrutando ahora.  
Volver a leer “¡Qué políticos tan divertidos!” es una delicia, pero al hacerlo en campaña electoral es inevitable la comparación entre aquellos políticos y los actuales -sobre todo los que dicen encarnar “la nueva política”-, y no sería justo generalizar para mitificar a unos y descalificar a otros, porque ni todos los políticos de la Transición eran tan buenos, ni los de ahora son todos malos. 
Pero puestos a comparar, pesa más en la balanza la solidez formativa, la prestancia y el sentido de Estado de aquellos, que el nivel formativo, los modales chabacanos y la inmadurez de muchos de los recién llegados. Sobre todo de los que vierten tantas estupideces en sus tuits, que debe ser su unidad única de pensamiento. 
La política, como la vida misma, está llena de grandes retrocesos y, en ese sentido, todo indica que, en líderes políticos, aquel tiempo pasado fue mejor. 

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