Morir para resucitar

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Hoy es Domingo de Resurrección, comienza la Pascua. Un tiempo lleno de olores de otras primaveras y de reflexión; un excelente momento, quizás el que más, para repensar, de nuevo, sobre la Iglesia; sobre nuestra actitud hacia ella y qué hacemos por ella y por nosotros, los creyentes. Propongo que lo primero en que pensemos es por qué hay tanto disconforme y alejado de nuestra Iglesia, y por qué tal situación no se afronta por los obispos, con valentía. Las encuestas dicen que la mayoría de los españoles nos consideramos creyentes, y aseveran que de tal mayoría hay un porcentaje muy alto que se declara no practicante. ¿Por qué tal disociación? ¿Quizás por la dejadez de los obispos en acometer el problema? ya que, que yo sepa, nada han hecho para corregirlo. Más bien al contrario. Tenemos un ejemplo cercano en la homilía de Rouco con motivo del Funeral de Estado en memoria del expresidente Suárez. Aprovechó la ocasión el cardenal para dar una charla política en vez de homilía cristiana; se metió en camisas de once varas conocedor de la repercusión mediática del acto. Somos mayoría los que pensamos que si quería hablar de política pudo referirse al terrible crecimiento de las desigualdades en nuestro país, o a otros problemas sociales que requieren solución política. Quizás no lo hizo porque no sean su prioridad. Estas maneras son las que cabrean y separan, provocan quehaya creyentes que se alejen defraudados dando la espalda silenciosamente y desesperanzados de toda la estructura jerárquica y sus relaciones y amoríos con el poder, que le gusta más que un caramelo a un niño. Por muchos mensajes del Papa, que son muy de agradecer, hay moles que no se mueven, y además son sordas. Si esperamos a que esta Iglesia sea cercana a todos y vuelva a su esencia con estas maneras de los obispos, pues ya será necesaria una revolución. Jesús fue tajante, no se amoldó, provocó el cambio. Tenemos que aprender. Nuestra Iglesia quizás tenga que morir para resucitar; quizás, no, seguro. Hay que dar pasos y no esperar a que la providencia lo solucione. A Dios rogando... Feliz Pascua.
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