Unas playas casi idílicas

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ADA Colau, el último capricho de la burguesía catalana, es un ser poliédrico con tantas caras que es imposible descubrirlas todas: activista antidesahucios, alcaldesa, mecenas de okupas, separatista, paracaidista electoral, emisora de moneda, rebautizadora de calles, impulsora del Ejército de Catalunya, sectaria con las víctimas del terrorismo, promotora inmobiliaria de mezquitas, chanchullera con los alquileres, enemiga de los cruceros, perdedora de cuestiones de confianza, ferviente practicante del postureo, amarillista, madre amantísima de los túzaros de los Comités de Defensa de la República... y ahora también enemiga de los bañistas. Para este verano ha decidido reducir el número de tumbonas en las playas a la mitad, el de sombrillas un 75% y el de chiringuitos de veinte a quince. Por ahora no ha dicho nada sobre el número de chanclas que pueden coincidir sobre la arena o la superficie de las playas que puede estar cubierta por toallas simultáneamente, pero todo se andará.

Unas playas casi idílicas