Chévere, tras el tiempo perdido

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El elenco gallego en honor de multitudes llenó el Rosalía. Dos funciones. Entradas agotadas. Ciclo principal. Tarjeta de presentación, “Eroski Paraíso”, escrita por Manuel Cortés. Un recorrido por la memoria para rescatar el tiempo perdido. Mejor para estudiar el desarraigo afectivo de una familia y su incapacidad para encontrarse. Este retrato se prolonga hasta hoy por consecuencia del rodaje de un documental. Eva Martínez y Antonio Formoso se conocieron el año 1989 en la sala de fiestas Paraíso, de Muros. Diecinueve años ella y veinticinco él. El embarazo de la protagonista los empuja al matrimonio y un año después, justo cuando cierra Paraíso, nacerá Alexandra. Emigraciones. Vueltas y revueltas perdido el norte común. Ella regresa a Muros para cuidar a su padre y trabajar en la pescadería del supermercado Eroski y él quedará en Canarias. Mientras la cinéfila hija Alejandra, que ha hecho un master en Barcelona, quiere rodar sobre sus progenitores y las causas que les obligaron a distanciarse.
Buen ambiente rodea el acontecimiento dramático. Público joven y multicolor. Convocatoria de teatro popular con telón alzado mientras algunos actores recorren el escenario antes de iniciarse el espectáculo. Correctos elementos técnicos. Especial mención la interpretación del rock Terbutalina y coreografía aneja. Diálogos del guión cinematográfico proyectados sobre el telar central. Correcciones constantes de la directora a su madre para que hable gallego. Tras rifar la merluza que aparece como un personaje más, el protagonista remata con una perorata donde agradece colaboraciones recibidas de supermercados Eroski, entidades y gentes innonimadas. Patricia de Lorenzo, Miguel de Lira, Cristina Iglesias y Fidel Vázquez crean un mundo de andar por casa, real, repitiendo historias que ensamblan el calendario. Corrección, definiciones pautadas, sonrisas y esperanzas.

Chévere, tras el tiempo perdido