La paz humillada

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Qué pasaría si leyéramos esta frase escrita hace solo unos días en un periódico: “Vivir en Palestina significa acostumbrarse a ser arrestado en cualquier momento”. La frase es de Abaher el Sakka, profesor de Sociología de la Universidad de Bir-Zeit (Ramala). Pues pasaría que recordaríamos que después de  dos mil  muertos, casas, barrios enteros destrozados por el ejército israelí, todo sigue igual o peor. Pero el artículo sigue desgranando lo difícil o casi imposible, que es vivir en ese, habrá que seguir llamándolo, país: “Según la época, las organizaciones humanitarias contabilizan hasta más de quinientas barreras de todo tipo que articulan nuestras vidas: permanentes, provisionales, volantes, móviles, temporales… El colonizador las diseña a su gusto”. El problema de todo esto es que te arresta alguien que está en tu país, que lo está ocupando, que te demoniza y encima te da un trabajo que él controla. La vigilancia sobre tu vida es total, y la amenaza con destruirte a ti y a tu familia, diaria. Valga esto de recordatorio de una “paz” prisionera y humillante.
 

La paz humillada