Aquellos maravillosos años

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Me tiene loca esto del #tenyearschallenge. Por si alguien no se ha enterado (cosa difícil con la turra que nos están pegando estos días) el reto consiste en publicar a través de tus redes sociales una foto de 2009 y otra de 2019, ahí bien juntitas, para que así podamos todos admirar la comparativa entre ambas instantáneas. ¿Resultado? Humillación pública: 1 / Dignidad: 0. Muy bien todo. Y es que con esto corremos riesgos sí o sí, porque o queda de manifiesto lo mal que te han ido cayendo los años o la pena de ver las pintas que llevabas hace una década. 

En mi caso hablamos del segundo supuesto, pero no por eso salgo mejor parada que otros casos que por ahí circulan. A mi no me va nada lo de hacer estas cosas porque no entiendo a quién le puede interesar ver a mi yo de 20 años. Salvo que la finalidad sea partirse la caja un rato. A pesar de no haberme dejado arrastrar por esta fiebre mediática, lo que sí he hecho ha sido ponerme nostálgica y bucear en las profundidades de mi portátil de la universidad. Vaya joyitas con las que me he topado... crema señores, crema. 

Encontré una foto de grupo y de todas esas personas, sólo sigo manteniendo relación con mi mejor amiga. ¡A Dios gracias! Otra que apareció fue la del día de mi graduación de la carrera. Ahora tengo 10 kilos y un choni piercing menos. Vamos por buen camino. Lo cierto es que dada mi edad, a lo largo de estos años he vivido más, y sobre todo de manera más intensa, que durante los veinte primeros de vida y aunque he dejado muchas cosas atrás y me he llevado algún que otro palo, el resultado me sale en positivo. 

Supongo que esto es lo que podemos agradecerle a estos retos de internet, el que nos permitan recordar quiénes éramos y en lo que nos hemos convertido. Si ves que algo está fallando, buen punto de inflexión para recapacitar y tratar de reconducir tu vida. Y si la cosa no pinta tan mal y te sientes satisfecho con lo que llevas a la espalda, óle tú y a seguir por ese camino. A ver si para cuando llegue 2029 algún iluminado tiene a bien –o a mal, ya no sé qué decirles–  rescatar esta moda y que volvamos a pasar por esta turbulenta reflexión existencial. 

Lo malo va a ser que para entonces habré pisado ya sobre los cuarenta y a partir de ahí, señores, ya no va a haber retorno...

Aquellos maravillosos años