UN POEMA BREVE

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El partido Barça-Celta, no sé en qué minuto, el tiempo ha quedado suspendido. El tiempo pertenece a la tierra y mi asombro no debe tener límites. Iniesta a un pase de Xavi se encuentra con el balón en la mitad del campo del equipo vigués, solo inventa una línea recta de veinticinco metros  y el balón pasa acariciado por el medio de  jugadores del Celta, que en ese momento de-saparecen de mi memoria, para recogerlo Messi al borde del área, como si de un atleta de relevos se tratase, sigue la carrera, quiebra al portero y gol.
Ese poema mudo no convocaría mi asombro si no estuviera oyendo a un comentarista uruguayo por Internet recitar apenas un segundo más tarde “es difícil encarcelar la conciencia despierta de dos hombres”. No, no están soñando, el tiempo se expande y ha asistido uno a un momento de gloria. No gritó, fue pausado como la jugada, la voz tranquila, segura, “encarcelar”, “conciencia” “despierta” “hombres”, no jugadores o deportistas. Un instante, como un haiku ante los cuales Uxío Novoneyra decía: “¡Canto cosmos!”.
 Si así me sentí en un universo que traspasaba el futbol, en una conjunción de astros perfecta en la que un bate acariciaba cantando las glorias del instante, las cantaba como en un canto gregoriano, poco había que decir más sino dejar que la memoria  engrandeciese el momento, como cuando Matsúo Bahso recomendaba “aprende las reglas y luego olvídalas”.
Es el homenaje a la naturaleza depositada en dos hombres que han olvidado las reglas y se han convertido en conciencia despreocupada de las matemáticas. Suman, restan, multiplican y dividen sin notarse que las han aprendido, que funcionan libres, estando encarcelados como todos, liberan el instante; y ahora tienen un poeta que viene de Sudamérica –¡cómo no!–, de ese español que todavía no ha olvidado la poesía y se siente natural diciéndola.
No sé, no me pregunten dónde pueden ver, en el universo de Internet, ese instante; solo puedo aquí reproducirlo, no quedármelo yo, homenajear, intentar describirlo, sugerirlo, pero, créanmelo, yo lo viví entre las paradas de Internet, y en la imagen que iba y venía, surgió una batalla y después un poema. “No pertenece ni a la noche ni a la mañana la flor del melón” (Basho).  

 

UN POEMA BREVE