Políticos honrados

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A  medida que se levantan las alfombras afloran imititadores del Duque de Lerma por doquier. El rey Felipe III creó la figura del “valido” y delegó en él buena parte de sus responsabilidades de gobierno, que utilizó para el enriquecimiento personal y político. Desde entonces, y hasta ahora, la figura del corrupto se ha asentado en la clase política con medradores que se aprovechan de la buena fe de los ciudadanos. Ha tenido que llegar una crisis como la que estamos padeciendo para que la sociedad exija y obligue a la fiscalización del gasto de cada euro público. La justicia ha ido desenmascarando a delincuentes con corbata y gemelos en la camisa, encarcelando a algunos de ellos. Hay sinvergüenzas en las entrañas de todos los partidos, por lo que al reproche es fácil la respuesta del “y tú más” que solo conduce a que los aprovechados tomen más precauciones a la hora de efectuar sus fechorías. Con la que está cayendo no es de extrañar, pues, que el ciudadano de a pie esté cada vez más desencantado con la clase política y busque otras alternativas. La verdad es que resulta vomitivo que miles de familias apenas tengan un pedazo de pan con el que alimentar a sus hijos, o que sean desahuciadas sin piedad de sus casas mientras unos cuantos “listos” se pegaban la vida padre. Muchos de ellos han sido detenidos. Como tienen millones de euros a buen recaudo en paraísos fiscales, podrán contratar a los mejores abogados, por lo que mucho me temo que su estancia en la cárcel, en caso de que ingresen en prisión, será más corta que la del que roba una gallina para comer. Aún así, pienso que la gran mayoría de las personas que están en política, sobre todo en la local, lo hacen por convicción, por la defensa de unas ideas y por la lucha de la utopía de un mundo mejor, más justo e igualitario. Claro, no pongo la mano en el fuego por nadie, pero creo que generalizar y decir que todos son unos ladrones a nada conduce, porque, sencillamente, sería injusto e incierto.
 

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