AMBIGÜEDADES SOBRE NAVANTIA

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Hay ocasiones en que es mejor no meterse en ningún embrollo, y mucho menos de contenido político, no vaya a ser que dando la mano se quiera tomar el brazo. Algo así debe de estar pensando el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, tras leer, o escuchar, las declaraciones de la oposición parlamentaria sobre el rechazo del PP a solicitar nuevas acciones en relación con la negativa de Bruselas a respaldar el dique flotante para los astilleros ferrolanos de Navantia. Feijóo se curó de algún modo en salud cuando dijo aquello de que “o flotel, o dique flotante”. Vamos, casi parafraseando aquel otro conocido eslogan del PSOE cuando dijo “OTAN, de entrada no”.
La ambigüedad, como se ve, campea en la escena política, aunque, según lo que esté en juego, se mueva en diferentes dimensiones espaciales. Y es que lo de la OTAN no significaba lo que la mayoría de este país creía. Cuestión de léxico en resumen, porque bastaba con cambiar lo de “de entrada no” por lo de “en principio no”. Pero si al PSOE se le podían exigir al menos responsabilidades por tamaña ambigüedad, o mejor dicho, tomadura de pelo, no sucede lo mismo en el caso del dique flotante, sobre todo teniendo en cuenta que los impedimentos para su construcción orbitan sobre Bruselas.
Cierto que el Gobierno central podría incidir más en la cuestión y, si no buscar, al menos proponer alternativas, pese a que la normativa comunitaria parece más que tajante. Tanto que incluso impediría la construcción alternativa de un dique seco siempre y cuando también dependiese de las ayudas estatales.
No es cuestión tampoco de dar la razón al partido en el gobierno del país, de la Xunta, y por cierto, también de Ferrol, porque conocedor sobrado es de que el mayor contrato suscrito por los astilleros públicos con una Armada extranjera –la australiana– se desarrolló en época socialista. Así que los peregrinos argumentos de quien denosta la inacción sobre el dique flotante se ven también atomizados por quienes insisten en que el PSOE no hizo nada por Navantia. Faltan matices y sobra, como casi siempre en política, esa elocuencia que tanto desborda y que, a un tiempo, no hace otra cosa que desacreditar.
En la misma medida que lo hace el hecho de reclamar el levantamiento del veto que pesa sobre la antigua Astano en materia de construcción civil cuando apenas faltan meses para que se produzca, cuestión persistentemente eludida por quienes estando antes en La Moncloa transitan ahora por la oposición. Para quien conozca mínimamente el derrotero de los astilleros públicos, son los hechos los que superan tanta palabrería.

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