Ojo con la música para las gallinas

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COMER un tortilla de Betanzos se está poniendo peligroso; lo mismo que zamparse unos huevos estrellados en Lucio. Con la moda de poner música a las gallinas para que se relajen y mejore su productividad, uno ya no sabe qué tipo de huevos van a llegar su plato. Si las aves escucharon una suite de Debussy, o si son más modernas un bolero interpretado por Luz Casal no habrá problema, hasta se podrá mojar pan. Pero si la lista de Spotify del granjero fue una antología del rap, la cosa cambia, porque ser rapero es ser un criminal, así que la combinación de yema y clara que haya salido de las entrañas del bicho puede ser explosiva.

Ojo con la música para las gallinas