MIMETISMO

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Los yanquis llaman a las pistolas igualadoras, porque hacen a niños y adultos, hombres y mujeres, viejos o jóvenes, iguales acerca de la facultad de matar. Con el amor y el poder debe pasar algo parecido: iguala al personal que lo disfruta o ejerce.

Tras ver a Rajoy desfilar como un recluta despistado –uno, dos, uno dos– siguiendo al cabo Durao Barroso por el cuartel de Europa, vino la prueba de lo que digo: sus declaraciones.

“La reforma laboral me puede cosstar una huelga” dijo Rajoy. ¿Les recuerda a alguien? A mí… a Zapatero. Luego, refiriéndose a la misma “deforma laboral” aseveró lleno de razón: ess necessario gobernar, aunque lass medidass tomadass ssean dolorossass y no gussten a muchoss.

¿Les va pareciendo a alguien? A mí: al mismo. Si no fuera por la barba y el ssesseo, diría que uno podría ser Rajotero, y el otro Zapajoy; o viceversa. Y es que, como dije arriba, algo debe tener el poder, que iguala al personal que lo ostenta.

Resultado: Rajotero o Zapajoy –cualquiera de los dos– nos la va a clavar de perfil, sin vaselina (me refiero a la susodicha amenaza real de la próxima “deforma laboral”, claro), como ya hizo el otro, fuera quien fuera el que nos la clavó primero.

Y me sigo refiriendo a la “deforma laboral” de los cojones, sin concomitancias sexuales de ningún tipo, les aclaro. Redondeo el asunto respecto al poder y el amor. ¿Recuerdan a los amantes de Teruel? Pues: tonta ella y tonto él. Claro caso de mimetismo.

MIMETISMO