ENDEUDAMIENTO ALEGRE

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Hace unos años, cuando un cliente acudía a una entidad financiera para pedir un crédito hipotecario para comprar un piso, una casa, un local comercial o una nave industrial, el banco o la caja estudiaban minuciosamente la viabilidad de la operación.

Primero analizaban la situación económica y patrimonial del cliente, sus fuentes de ingresos y la seguridad de su puesto de trabajo o negocio. Después analizaban el bien que quería adquirir al que efectuaban una tasación real, acorde con su valor en el mercado, y si veían viable la operación se formalizaba una hipoteca por el importe del 70 u 80 por ciento del precio tasado.

Pero con la bonanza económica que vivió este país, que muchos creyeron eterna, y la locura inmobiliaria, los bancos y las cajas perdieron sus buenas costumbres y, sin analizar la situación económica del cliente ni efectuar una tasación rigurosa del objeto del crédito, concedieron préstamos en cantidades astronómicas para que el cliente, además del piso, la casa o el local comercial comprara los muebles, un coche o hiciera un viaje de placer. Todo esto con la complacencia del Banco de España, que hizo dejación de funciones en su labor de supervisión.

De aquellos créditos sin control derivan buena parte de los desahucios de hoy. Ahora hay miles de familias atrapadas por un crédito hipotecario al que no pueden hacer frente y no solo los echan de la que hasta ahora fue su casa, sino que quedan colgados de una deuda que nunca podrán pagar. Porque detrás de esos impagos está la crisis económica y el paro que es realmente lo que impide que ciudadanos y familias puedan hacer frente a sus compromisos económicos.

Llegados a este punto, es importante el decreto de mínimos del Gobierno con algunas medidas para tratar de solucionar un problema económico y social tan grave como los desahucios. Lo más urgente es evitar los miles de dramas de familias que por una insolvencia sobrevenida con la crisis tengan que abandonar su vivienda. Pero hace falta una reforma más profunda que debe incluir cambios en la Ley Hipotecaria para que no haya cláusulas abusivas, poner límites a los intereses de demora, imponer rigor en las tasaciones y frenar el “endeudamiento alegre”, como en Alemania, que evitaría muchos de los desahucios que se producen ahora. En esa alegría tuvieron mucha responsabilidad bancos y cajas y el propio Banco de España, a los que la nueva legislación debe exigirles más rigor en el análisis y control del riesgo crediticio.

ENDEUDAMIENTO ALEGRE