En estas fiestas he recibido un mensaje de felicitación, a lo mejor alguno de ustedes también, en el que entre otras cuestiones se decía que si a uno le queda la ropa apretada es porque tiene bastante para comer o que si al final del día llegaba reventado a casa era porque tenía la suerte de tener un trabajo. Este mensaje me ha hecho reflexionar, porque en los tiempos que vivimos la mera supervivencia por los propios medios no debe suponer una odisea.
La precariedad, y de eso sabemos bastante, en esta comarca, se está convirtiendo en habitual y lo que me parece un poco peor es que da la sensación, en líneas generales, que se acepta esta situación con cierta resignación. Estoy seguro de que alguno de ustedes, al igual que yo, ha escuchado o participado en alguna conversación en la que se concluye que es afortunado quien se encuentra en una situación laboral normal, es decir, trabajando sus horas y percibiendo un salario acorde y digno por ello.