El rastafari con poder

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El tierno herbicida Pablo Echenique –“yo soy muy del amor y esas cosas, pero la mala hierba hay que extirparla”– ya es historia. La debacle electoral de Podemos exigía cabezas y cayó la suya. Su sustituto es  Alberto Rodríguez, aquel diputado por Tenerife que se hizo famoso cuando Celia Villalobos, a la vista de las rastas que gasta, puso en duda su pureza capilar. ¡Qué pena que la histórica pepera nunca tuviese pelos en la lengua!, porque no hubo veces ni nada en las que estaría mejor calladita. Rodríguez se presentaba a los votantes como “obrero industrial” y “ecologista”. Nada que oponer a una cosa ni a otra. Tampoco había nada que oponer a sus ingresos anuales, que en 2014, antes de saltar a la política, ascendieron a 52.877 euros. Con ese sueldo quién no desearía ser obrero industrial; incluso, quién no cuidaría su pelo con el máximo esmero. Pero eso da igual, ahora es ya élite morada y hasta podría hacer asiduo de los salones de Rupert o de Llongueras. El caso es cuánto le durará el momio, porque en Podemos solo hay una persona que es eterna.

El rastafari con poder