Los y las trepas

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No es que uno, no sólo quiera ser políticamente correcto, es que además la experiencia le muestra que en los últimos tiempos hay gran incremento de las “las” con respecto a los “los” en esta clase de individuos, individuas.
Cada vez con más frecuencia, vemos como muchos ciudadanos se indignan, se “rasgan las vestiduras” ante los numeritos de nuestros políticos y la situación de alarma social que han creado sus maneras y formas de administrar, o más bien intentar, el país que les ha elegido para tal misión, siempre teniendo en cuenta que a ninguno se le ha forzado a tan digna tarea y han venido solos ¡No se les ha llamado, se han presentado voluntarios!
También crecen las voces que recuerdan que la clase política no deja de ser un reflejo de la sociedad que los ha designado. Y es bien cierto que así es; así como también, la circunstancia de que uno de los sectores destacados de esa sociedad es la clase empresarial y en consecuencia también se ve reflejada.
En una tertulia personas de cierta experiencia en la empresa y también en la vida, ponían un ejemplo de uno de los males del sector en España, describiendo la formación y evolución de una sociedad.
Un grupo de inversores decidían arriesgar su capital y formar una empresa, para lo que designaban un consejo de administración, que encargaba a su delegado contratar el equipo directivo y resto del personal.  El consejero delegado era buen amigo de uno de los socios y él mismo a su vez buscó entre los suyos al equipo directivo.
Se trataba de una empresa que fabricaría “tornillos de última generación” con unas características no vistas hasta el momento y en consecuencia con un potencial nicho de mercado.
El departamento de marketing –así lo dicen los libros- se encargó de realizar el plan de negocio a tres y cinco años, por supuesto con su análisis DAFO incluido, en colaboración y coordinando al resto de departamentos.
Una vez finalizado se presentó a la Dirección, ésta dio su visto bueno y el propio consejero delegado se encargó de obtener del Consejo sus definitivas bendiciones.
Una de las claves de la aventura empresarial era la calidad del producto, por lo que se buscó a verdaderos profesionales del torno y ajuste mecánico, que además demostraron desde el comienzo de la producción gran eficacia. Estos empleados fueron seleccionados con métodos profesionales viendo su contrastada trayectoria en los currículos y entrevistas personales.
Este mismo método fue utilizado para la contratación de la red comercial: verdaderos expertos de probados resultados.
Llegando a los tres años la empresa hacia aguas por todas partes, las cuentas de resultados no acababan de dar beneficios y lo que es peor, en los balances, el capital de los fondos propios disminuía alarmantemente. 
Una auditoría sacó a la luz graves errores en organización interna, comunicación e informática; además constató unas previsiones de objetivos de ventas sobredimensionadas. Tanto el estudio del Marketing Meta como el Mix, resultaron ser una simple copia. También el departamento jurídico había colaborado con sus pifias en los contratos con proveedores y clientes que ahora estos denunciaban.
Finalmente el Consejo aprobó la decisión que bastantes de nuestras empresas toman ante una crisis. Despidió a la mitad de los especialistas en soldadura y ajuste y al sesenta por ciento de la red comercial; al año lejos de mejorar -los gastos bajaron pero los ingresos mucho más- los propios proveedores e incluso clientes solicitaron la ley concursal que, finalmente admitida por el juez, acabo en disolución.
El exitoso equipo directivo se encuentra embarcado en otro proyecto y los especialistas y comerciales engrosan las listas del desempleo.
Un tertuliano nos decía que este ejemplo se lo puso a su sobrino cuando terminada la carrera le pidió consejo.
No quiso definirle directamente lo que son, lo que abundan y el daño que hacen “las y los trepas” y prefirió explicarle lo que no debía de hacer en una empresa: No le hagas la pelota ni engañes a tu superior y trátalo profesionalmente. No le pongas palos en las ruedas ni engañes a tus compañeros y trátalos profesionalmente. No humilles, difames, seas prepotente, engañes y machaques a tus subordinados, respétalos y trátalos profesionalmente.
Con estas premisas no serás tachado de “trepas”, pero probablemente –también le quiso matizar– en nuestro paraíso del desempleo, no tendrás un puesto de trabajo porque ya estará ocupado por ellas, o ellos.

Los y las trepas