La teta de Tierno y otras evocaciones

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con el cadáver de Franco todavía oliendo a la naftalina galonada de su uniforme de Vitor Caudillo, y los vencejos del Pardo sobrevolando recelosos el estigma fatal del gorigori… España en un puño de pura orfandad histórica, y el futuro político en almoneda y arbitrio de arribistas… Los ocho mil de Tierno, por decirlo con sus palabras, grosso modo redondeado de todo lo que era por entonces oposición al régimen en España, sumado hasta el gato de todas las simpatías ideológicas…
Fue en aquel tiempo de esperanza y anhelo de cambios moderados –el espíritu de la llamada “mayoría silenciosa”– que “Interviú”, la revista “Interviú”, hoy retirada de circulación por el signo de los tiempos, o sea, la necrosis de todo rigor crítico que no sea la pura información sin más alcance que las narices del lector, qué digo, del “informado”, ese recurso digital que nos permite enterarnos de nada porque nos impide reflexionar  críticamente de todo… Fue en aquel tiempo, ya digo, que “Interviú” asaltó los quioscos con sus chicas de buen ver, desnudos audaces sobre los que babear sin remedio entre alguna que otra concupiscencia explicable, mientras iba acuñando un periodismo de cierto corte sensacionalista, sobre todo en lo político. “Tiempo”, otra revista del momento a la que también homenajear con alguna gratitud, desaparece por igual estos días… Y otras lo fueron antes, asimismo señeras y respetables, influyentes, con una legión de lectores, estos sí, interesados en el análisis y cierta exigencia crítica. 
Eran los mismos tiempos en que el periódico “Pueblo”, vinculado a la Organización Sindical, vendía decenas y decenas de miles de ejemplares cada día, claro que ya no tanto ni tan bien como cuando lo dirigía el magisterio gallito, mordaz, cáustico y culto, de Emilio Romero, cesado poco antes, cuando ya se avizoraban otras voluntades, otra estética, ese futuro imperfecto con que íbamos a conjugar todos el negocio, y el ocio, de la democracia, en tobogán de vértigo, caída libre, y hasta hoy.
Algo más tarde de esa irrupción de “Interviú”, precisamente en la entrega anual de los Premios del Diario “Pueblo”, los del año 1978, Susana Estrada, aquella actriz que con su gesto iba a prestar carácter de musa desnuda a la transición, fue allí que ofreció su teta mejor a Tierno, a Tierno Galván, en muy famosa instantánea, para deleite sátiro de los ojos del viejo profesor. Un homenaje carnal, vamos, a la democracia, todavía inocente, antes de convertirse en la señorona impía y zarrapastrosa que hoy exhibe sus pecados más graves, de palabra, obra y omisión. Un carajal bien embrollado, vaya, y además sin “Interviú”, y sin tetas con gracia social. Ah, y sin galones de autoridad, con o sin naftalina. Que anda que… ¡Qué tiempos, qué tiempos…! 

 

 

La teta de Tierno y otras evocaciones