Mucho ruido y pocas nueces

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Meditadas las conclusiones del Sínodo de la Familia, me reafirmo en los temores comentados en mi artículo anterior y que se resumen, como me dice un amigo, en: mucho ruido y pocas nueces. Al final queda la tristeza  y convencido de que Francisco queda muy tocado. Gastaron mucho tiempo, dinero y esperanzas para nada. Jugaron con las ilusiones de dos grupos importantes: los separados vueltos a casar y los homosexuales, participantes ambos en la vida de la Iglesia. 
Defendí al Papa desde el principio, pero ahora siento que en los momentos claves ha reculado. Creí que sería capaz de iniciar las reformas orgánicas que, no de fe, necesita la Iglesia jerárquica; la que representan el Papa y los Obispos, y ahora la han dejado sin sentido. 
No está viva, ni cumple su fin; los que sufren no son santo de su devoción, ni los fieles, a quienes siguen llamando ovejas y no lo somos. 
Francisco nos lideró con sus primeras declaraciones, igual que en su momento hizo el Vaticano II, llegó a convertirse en el apoyo de quienes pensamos que otra Iglesia es posible. 
Este Sínodo era la gran oportunidad y fue el gran fiasco. Sus palabras y gestos ahora suenan como las de un político que mendiga votos. No me gustaría que pasase a la historia como Francisco, el vendedor de humo o el que retornó a España a Cañizares.
Ahora la pregunta clave es ¿por qué dio el Papa marcha atrás? Quizás las piezas encajen si tenemos en cuenta el tono de sus posteriores explicaciones, incluidas las de los papeles filtrados, coincidiendo el final del Sínodo y la publicación del libro”Avariza” (casualidades) que abren la luz a escándalos financieros e inmobiliarios del Vaticano y otros propios de la condición humana. 
La curia conservadora ha dicho algo al Papa en relación con tales documentos y quizás él ha sido víctima de una rara negociación. 
Me lo creo, sobre todo pensando en quienes los robaron. En el fondo son humanos y con miserias. Pero me duele creer que Francisco piense que así ayuda. Le recuerdo lo de “la verdad os hará libres”. La Iglesia jerárquica murió. La otra seguirá porque ni ellos pueden con ella.
 

Mucho ruido y pocas nueces