Los nacionales

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Llamé a la Xunta para saber de dónde salían los autobuses que iban a Madrid, a la manifestación del bando nacional del Partido Popular y Ciudadanos. Dijeron que no ponían por falta de presupuesto. ¡Joder, porca miseria! ¿Y cuando ponían taxis para llevar a los viejos a votar con las papeletas cubiertas, qué? Con la ilusión que me hacía, y ya confesado, duchado, con calzoncillo limpio, mi bandera republicana comprada a los chinos, y los bocadillos de tortilla con pimientos rojos y tomates morados, ¿qué coño hago ahora? ¡Esto es una cabronada gorda! Porque no es lo mismo estar con la fachada, in situ y codo a codo, que verla por la tele sin poder olerla, con ese recio aroma que emana a mitad Chanel nº 5, mitad agua bendita (que sí huele), mitad macho ibérico, y mitad a patriotismo de los últimos de Filipinas, largando eso de ¡Gibraltar español! y ¡Perejil también es España! Quizá digan Uds. que son muchas mitades; pero tratándose de la unidad de España, no seré yo quien escatime. Como la Xunta.

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