Septiembre

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Septiembre huele a libros sin abrir y ropa nueva dentro del armario. Es siempre un comienzo, incluso para los que apenas consiguen recordar ya su época de estudiantes. La reinvención que llega después del verano. El gimnasio, los idiomas, el trastero que espera una limpieza, las fotos amontonadas de aquel proyecto de álbum. La agenda en blanco y la intención de llenarla de citas. Que no pasen las semanas sin verse con los amigos, que encontremos un hueco para nosotros. Un mes de promesas y propósitos.

Retomamos la novela que quedó aparcada en la mesilla al irnos de vacaciones –la lectura de playa es más ligera– y pensamos en las costumbres a las que no estamos dispuestos a renunciar. El cine algún domingo, la visita a la librería, descubrir un restaurante. Sentimos una vez más la oleada de indignación encendiéndonos.

El gesto duro y la cabeza pesada. Como tantas veces en los últimos tiempos. Estar enfadados nos agota. Las restricciones sanitarias, los atropellos educativos, el IVA, la amenaza de lo que vendrá. Los motivos se multiplican. El panorama se ensombrece. Nos queda la furia permanente. O el giro hacia la luz.

El pensamiento positivo, sin caer en la utopía. Que no nos estropeen el regreso a la realidad postvacacional. Que nos dejen comenzar con la misma ilusión de otros años. Planes, ideas. Nuestro momento de creatividad.

Nuestra posibilidad de decisión, qué queremos, qué nos apetece. Como cuando elegíamos en el colegio entre las clases de guitarra y el equipo de fútbol. Podemos ser lo que se nos ocurra. Oficinistas de ocho a tres y tiradores de esgrima por la tarde. Aprendices de chef los martes y nadadores jueves y viernes.

Es el tiempo de plantearnos metas profesionales y retos personales. Recliclarse, reformarse, ser mejores. La oportunidad de corregir los errores y de concebir ocurrencias geniales. Quizá llegue lo malo. O lo peor. Puede que tengamos que dejar nuestros proyectos a medias y salir a la calle a clamar por una solución. Dejarnos absorber por la rabia, contra la que no se puede luchar siempre.

Pero no ahora. Ahora miramos el calendario y planificamos el curso. Con ganas. Casi tenemos que resistir la tentación de comprar rotuladores de colores y hacer un horario de actividades. La vuelta al cole. Estamos contentos. Nos gusta volver a empezar. Saber que tenemos más intentos. Nos sentimos llenos de energía. Y no vamos a desaprovecharla. Porque, nos decimos sonrientes, estamos en septiembre.

 

Septiembre