“¡Que se vayan de vacaciones!”

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No sé a ustedes, pero a mí todavía me cuesta recuperarme de la agria discusión delante de nuestras narices entre el candidato a la Presidencia del Gobierno y su, en teoría, socio preferente. Es lamentable la imagen que dieron de desconfianza mutua y reparto de poder en vez de sintonía e iniciativa política.

Ahora, ante tal despropósito, los asesores políticos pusieron de moda la idea de ganar la explicación del relato, anticipándonos la apertura de un nuevo proceso electoral que nadie quiere. Pero ese relato no es otra cosa que sacar los trapos sucios a relucir en una discusión de los más ordinaria cuando no hay voluntad de llegar a un acuerdo. Nos hablaron de escaramuzas a las reuniones de negociaciones, de no coger el teléfono, de pedir y querer imposibles, de deslealtades, de no sé cuántas estupideces más que mejor las guardaran para sí antes que abochornarnos con semejante espectáculo. De no fiarse, en definitiva.

A ver quién recompone esto. Difícil lo veo con estos nuevos actores políticos preocupadísimos de la vida virtual, del postureo en las redes sociales, pero cada vez más alejados de la dura realidad cotidiana.

Mira que pintaba bien. Los españoles acudimos en masa a las urnas, la composición del Parlamento invitaba a que la derecha no esgrimiera el secuestro del Ejecutivo por el independentismo catalán y la mayoría absoluta socialista en el Senado facilitaba la necesaria reforma constitucional, especialmente, en el ámbito territorial, para recuperar la convivencia. Parecía que gozaríamos de un periodo de estabilidad política para afrontar los importantes retos medioambientales y de recuperación económica para remitir la creciente desigualdad con recuperación de peso político dentro de la Unión Europea y en órgano multilaterales, dentro de un entorno internacional extremadamente inestable. 

Pues va ser que no. Llevamos unos cuantos años de vetos cruzados que impiden la gobernabilidad correcta del país. Si a los dos nuevos actores, Iglesias y Rivera, les sobran prisas y les falta sentido común para tener Sentido de Estado, a los nuevos líderes de los partidos que gobernaron los últimos 33 años les sobra arrogancia.

Mejor, que todos se vayan de vacaciones con sus respectivas familias, que paseen por la España real, que se empapen de sus problemas. A la vuelta, a ver si en los exámenes de septiembre son quien de sacar el curso adelante.

Por mi parte, yo sí marcho de descanso veraniego queriendo mantener la esperanza de que a la vuelta me sorprendan con que sí se puede formar un Gobierno estable

ramonveloso@ramonveloso.com

“¡Que se vayan de vacaciones!”