LA GRAN ESTAFA

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Hoy la vía europea hacia la construcción de una sociedad más justa está muerta. Sus máximos representantes, los socialdemócratas, hace tiempo que han redactado su acta de defunción.
Actualmente uno de los políticos que mejor representa el óbito socialdemócrata es el  señor Hollande. Su escenificación izquierdista parece sacada de un vodevil de Groucho Marx, además de estar demostrando tener poco respeto por la inteligencia de sus compatriotas. Con lo cual, no es de extrañar que el FN de Marine Le Pen esté  encabezando los sondeos electorales.
El señor Hollande es un oscuro político, con la típica mentalidad de un burócrata. Posee una licenciatura en derecho y unos cursos en la Escuela Nacional de Administración. Y en su época de estudiante militó en la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF). Por lo tanto, hay poco que destacar en su biografía.   
Este socialista de opereta quiere ahora deportar a todos los gitanos de Francia. Además se arroja el derecho a entablar guerras coloniales emulando los pasos de su antecesor. Todo este pensamiento intervencionista se antoja más que sospechoso, demasiado sospechoso. Con su rabiosa insistencia para emprender acciones militares contra Siria demostró la clase de intereses que defiende.
No es que el señor Hollande odie al “régimen” sirio –como llaman los medios a los gobiernos que no son pro-occidentales. No. Es que, aparte de delirar con la “grandour” del pasado colonialista francés, quiere que las multinacionales galas, en contubernio con las élites saudíes y cataríes, se adueñen de los recursos de ese país. En buena lid, ¿dónde se ha visto que un socialista sea belicista y colonialista? Bueno, ZP también colaboró en el lanzamiento de bombas sobre Libia, pero claro, éste tampoco era socialista. Lo que no hay duda es que esta clase de políticos camaleónicos han destruido la izquierda, incapacitándola moralmente. Cada día aumentan los parroquianos que se pregunta si existe realmente.
Es un hecho contrastable que la izquierda europea, debido a sus profundas contradicciones, está en caída libre. Si difícil es entender las intervenciones militares, lo son todavía más cuando son ordenadas por políticos de izquierda. Es obvio que los que apoyen tales métodos no son de izquierdas, son cualquier cosa menos eso.
Hoy la doble moral, la hipocresía y el fariseísmo se adueñaron de la llamada izquierda europea. En general, el encanallamiento político se adueñó de la escena política continental. Aquí nadie es lo que dice ser. Es para ponerse a temblar cuando vemos algunos bancos condonar grandes sumas de dinero adeudadas por partidos socialdemócratas. De hecho ya están comprando a sus políticos con tales procedimientos.
Hoy Francia es un país prácticamente hundido, tanto económicamente como moralmente. Un país con una gran historia, incluso heroica si se quiere, pero sumido en la más terrible de las mediocridades. Hoy la “liberté, legalité y fraternité” han perdido su significado. Sus líderes políticos nada tienen que ver con los del pasado. Ni gaullistas ni socialistas están a la altura. Hollande, en la campaña electoral, fue apoyado nada más y nada menos que por el diario Le Monde, que está controlado por poderosos grupos.
La izquierda está viviendo la peor crisis de su historia, por tanto, el señor Hollande es un producto político de una crisis identitaria. Los programas electorales socialdemócratas son un engaño, preparados ex profeso para llegar al poder.
Una vez en el poder, se olvidan de ellos, pasando a gobernar la gran banca. Con lo cual, el fraude es mayúsculo. Se alcanza el poder a través de las urnas, se le da una cobertura democrática a todo el proceso, pero después gobernarán los grupos financieros. Unos grupos que nadie eligió. Demoledor.
Esto quiere decir que la socialdemocracia ha perdido el norte. Sus líderes tratan de seducir al electorado con ideas que saben que no cumplirán. Primero, porque no creen en ellas. Y segundo, porque se han convertido en  auténticos vasallos de los poderes financieros. Por lo tanto, diga lo que se diga, representan una gran estafa.

 

LA GRAN ESTAFA