El precio del encierro

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MENUDA suerte tuvo Oriol Junqueras, el presunto hermano gemelo de Miguel Durán, el de la ONCE, con que el juez decidiese
mantenerlo confinado en la trena. Allí llevaba una existencia la mar de tranquila y podía dedicar
las 24 horas a su plan de vida favorito: ora et labora, es decir, a combinar las alabanzas al Señor y la Virgen de Montserrat con la redacción de su obra cumbre, “Cartas desde mi celda”. Eso ocurría cuando estaba recluido en Estremeras, prisión dependiente del imperio, porque desde su traslado a Lledoners, que pertenece a la República, no sufre más que atrancos en el desarrollo de su ímprobo trabajo. Allí todo son visitas y fiestas que lo distraen. Pero lo peor es que empieza a pagar las consecuencias de tan largo encierro y ya desvaría un poco de más. Ayer, en el Supremo declaró: “Amo a España y a las gentes de España y la lengua y la cultura españolas”. Veremos si no le da a Julio Iglesias por reclamarle una indemnización por infringir los derechos de autor. El copyright es el copyright.

El precio del encierro