Grecia, una país aislado

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Lo que está haciendo la Troika con Grecia ni siquiera es un chantaje, que también, sino la versión más sutil de un golpe de Estado indirecto, puesto que intenta alterar la voluntad popular.  
Los griegos están padeciendo un cerco comparable al que Roma hizo con los habitantes de Numancia; después de varios fracasos militares el general romano, Publio Cornelio Escipión, decidió cercar la ciudad y someter a sus habitantes por inanición. En el caso griego no se utilizan legiones, se usan los poderes financieros.
Muchos politólogos, expertos económicos, periodistas con patente de corso, y toda una tropa de “especialistas” argumentan desde hace tiempo que los griegos hicieron trampas contables, que engañaron a las instituciones europeas.
Este último punto es bastante cuestionable, puesto que tanto en Bruselas como en Berlín sabían del desmadre existente en los países del sur de Europa, de la “barra libre”, sin embargo, no lo querían ver, no interesaba. En todo caso, los máximos responsables, digamos los responsables directos –el pueblo griego tiene una responsabilidad indirecta– serían los miembros de la partitocracia que gobierna el país helénico desde 1974 y las instituciones europeas que ahora se las quieren dar de inocentes. Por lo tanto, no es de recibo que se condene de una manera inmisericorde –además de ser inaceptable desde el punto de vista moral– a todo un pueblo.
A raíz de las encuestas que arrojan a Syriza como el partido favorito para ganar las elecciones, la señora Merkel se apresuró a decir que es posible que Grecia tenga que salir del euro. Suponemos que esta señora lo sabe, pero a ese tipo de amenaza en Román paladino se le llama coacción, extorsión, incluso chantaje.
El trato que le están dando a Grecia los poderes europeos, sobre todo Berlín –que es quién realmente manda– es humillante, tratan a ese país como si fuera un protectorado, una colonia o un simple feudo. Intentan manipular la opinión pública, infundiendo miedo y desasosiego para que los griegos se abstengan de votar a un partido excomulgado por los centros de poder. Quizá todavía no lo entienden, o no quieren, pero esta no es la UE que desean los europeos.
El mensaje que se está lanzando va dirigido a los ciudadanos para que no voten a la izquierda “radical” ni a otras formaciones políticas que, aunque sean de signo político contrario, son consideradas peligrosas por los poderes dominantes. La idea central es decirles que si un país es expulsado del euro, incluso de la UE, le espera el caos, el sinvivir, el averno, el mismísimo infierno.
El nerviosismo de esos poderes es tal, que no se dan cuenta que con esos argumentos están insultando la inteligencia colectiva.  
Este tipo de discurso significa, que todos aquellos (partidos o personas) que no estén de acuerdo con la timba financiera automáticamente pasarán a ser unos anti-sistema, unos parias. Los poderes no tienen en cuenta que si la situación no mejora, no la macroeconómica, sino la economía de la gente común, la del ciudadano de a pie, la del verdadero sufridor, los partidos tradicionales llegarán a perder el poder. Sólo es cuestión de tiempo.
Lo que está ocurriendo no es una crisis de la democracia en sí, sino de los “regímenes” creados a imagen y semejanza de los mercados.
Será difícil que los mismos que crearon el desastre puedan regenerar el sistema. De hecho, sólo se sigue hablando de más reformas, consistentes en más privatizaciones, más austeridad, más sacrificios, sin embargo, el casino financiero sigue intocable. Nada ha cambiado.
Lo que están haciendo con Grecia demuestra hasta qué punto se han pervertido los valores democráticos. La cuestión no es solo un problema económico, que también, es mucho más grave: se trata de decencia, de respeto a los pueblos y de consideración hacia las personas. En los últimos años instalaron en la sociedad la falsa hipótesis de que los verdaderos culpables de la situación griega eran los propios griegos. Nadie niega su responsabilidad, no obstante, en la tragedia griega hay demasiados actores implicados.

 

Grecia, una país aislado