Villares ya se fuga antes de tener el coche

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NO se sabe cuál es el equipo favorito del exjuez y virtuoso de la gaita y la zanfoña Luís Villares; ni siquiera se sabe si le gusta el fútbol, pero, pese a que su apariencia no es la de un defensa central, despeja con fuerza. Con tanta fuerza que ni aparece para dar explicaciones sobre sus deseos de disfrutar de los privilegios de la casta. No es que le pasase el balón a un compañero –Antón Sánchez– y entre ambos intentasen hacer una pared; que va. Simplemente le lanzó la pelota y él se fue por la puerta de atrás. Acudieron juntos a una reunión con los sindicatos ferroviarios, pero para dar cuentas de lo que habían tratado solo compareció el irmandiño de las largas trobas. Fue como si el voceiro de En Marea, originariamente un espacio multicultural hispano-galaico y ahora sabe Dios qué, se hubiese volatilizado. ¿Para que querrá un coche con chófer si el solo ya es capaz de teletransportarse? o, al menos, eso parece.

Villares ya se fuga antes de tener el coche