Los egos

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Me parece insoportable, amén de inmoral, el reality show que se está montando con la muerte de la niña compostelana. Da la sensación de que en este país únicamente trabaja el mismo perfil de juez de Instrucción; es decir aquel que decreta secretos los sumarios y sin embargo cada día nos enteramos por los medios de comunicación de una parte del mismo. Aquel que deja que le graben los “zoom” de las cámaras de televisión dentro de un garaje, a través de una pista forestal o mucho más grave, a través de una ventana de la propia sala de interrogatorio. Procesos en los que “abogados estrella” ofrecen sus servicios profesionales o acuden a diferentes platós de televisión para compartir sus experiencias profesionales con el mortal de la ciudadanía. Acusaciones populares que crecen como champiñones, todas ellas sin ánimo de lucro y buscando un buen fin, por supuesto. Psiquiatras forenses, que casualmente suele ser siempre el mismo, que sin haber examinado a la víctima ni a su entorno familiar y por supuesto sin haber leído ni una hoja de las diligencias previas, son capaces de desarrollar una teoría, cada cual más conspirativa, sobre el móvil de los crímenes. Atestados policiales que acaban sobre la mesa de un director de un periódico antes que sobre la mesa del abogado de los detenidos. Al carajo el Estado de Derecho y la presunción de inocencia.
Sinceramente toda esta tropa me da asco. A nadie parece importarle saber la verdad; pues lo relevante es aparecer en la fotografía para engordar el propio ego o facturar de más, según el caso y profesión. Yo prefiero creer en los varios centenares de jueces de Instrucción y fiscales que hay en España cuyos nombres desconocemos, pero que diariamente hacen su trabajo de una forma discreta y digna.
Opto por confiar más en los abogados que defienden a sus clientes en los pasillos de los Juzgados y no entre una nube de micrófonos. Apoyo a esos médicos forenses que las noches de Angrois trabajaron a destajo para que los familiares de las víctimas diesen descanso a sus muertos. Y por supuesto, cada día que pasa, leo menos la prensa escrita, ya no zapeo determinadas cadenas de televisión y por supuesto únicamente escucho música o fútbol en la radio.

 

Los egos