Lucha contra las pseudoterapias

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La semana pasada se conocía que la Generalitat de Cataluña, a través de su Departamento de Salud, imponía una sanción de 600.000 euros al divulgador pseudocientífico Josep Pàmies por promocionar durante una conferencia el MMS (una solución de clorito de sodio y ácido cítrico, prohibido por el Ministerio de Sanidad debido a sus efectos adversos potencialmente graves) como una cura para el autismo. Ya con anterioridad había impuesto otras dos sanciones, una de 90.000 euros también por publicitar en su página web Dulce Revolución los fines curativos del MMS y otra de 30.000 euros por la promoción de productos a base de plantas que se presentaban con indicaciones para distintos tipos de enfermedades como cánceres y leucemias.
Esta última sanción ya fue aceptada por Pàmies y pagada gracias a los donativos de los socios de Dulce Revolución. Pero las otras dos asegura que piensa recurrirlas y plantar cara ante lo que considera un acto de amenaza, coacción y censura. Y como no, escudándose en la libertad de expresión para justificar un negocio que en el año pasado le reportó unos ingresos de dos millones de euros a costa de envenenar y engañar a gente desesperada dispuesta a creerse cualquier cosa.
Si el MMS fuese tan bueno, tan fantástico y tan maravilloso sería tan sencillo como llevar a cabo un ensayo clínico para demostrar todas estas bondades y apartar cualquier atisbo de duda que pudiera haber. 
Pero como resulta que los ensayos que se han hecho han demostrado que lejos de ser una cura es un veneno, pues nada más fácil que acusar a la industria farmacéutica de querer montar un complot para silenciar las voces críticas. Eso sí, pruebas las mínimas, que todo al final se reduce a un ejercicio de fe.
Y de esta forma, una vez más la libertad de expresión es usada como escudo para esquivar el dardo de la mirada crítica. Esta muy bien que todo el mundo pueda expresarse y opinar como le venga en gana. Pero cuando se está jugando con la salud de las personas, quizás deberíamos plantearnos que las opiniones dejan de tener valor y que quienes tienen que hablar son los hechos. Mientras, el señor Pàmies ya tiene preparado su siguiente bolo, en esta ocasión en Murcia, en Abarán. Una nueva ocasión para continuar propagando sus mentiras. Esperemos que al gobierno murciano no le tiemble tampoco el pulso a la hora de perseguir estas prácticas tan peligrosas.
 

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