LAS LISTAS

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Hace unos años, cuando las empresas hacían selección de personal para cubrir sus puestos de trabajo buscaban entre los candidatos a aquellos que “sabían, sabían hacer y querían hacer”, es decir, a los que tenían la formación y aptitudes adecuadas para desempeñar las funciones que se les iban a encomendar. El objetivo era elegir a los mejores, que después la empresa se encargaba de “poner al día” con sus planes de formación interna.

No parece que este sea el proceder en el ámbito político gallego de cara a las próximas elecciones. Anduvieron estos días los partidos políticos “reclutando” a sus candidatos para trabajar en esta gran empresa que es Galicia y no se les vio muy afanados en buscar los perfiles profesionales y políticos más “axeitados” a las exigencias del puesto de trabajo de diputado gallego en esta hora crucial para la comunidad.

En la calle se percibe que, al contrario de lo que ocurre en las empresas, en esas listas no están los mejores. Están los más dóciles y obedientes porque la primera pauta de “selección” para entrar en una candidatura es la adhesión inquebrantable a los barones, sean estos locales, provinciales o autonómicos, que eligen a los adictos y excluyen a los más críticos, que suelen ser los que piensan y tienen criterio propio.

Junto a los de siempre, que ya están amortizados, aparecen algunas caras distintas, pero con perfiles bajos. Nada se conoce de sus ideas y proyectos políticos innovadores o de su capacidad de conectar con la gente para llevar al Parlamento sus problemas y angustias, presentar iniciativas y tratar de solucionarlos.

Tampoco se sabe a qué comarca representan porque da la impresión de que todos “salen” de la factoría provincial, como si las provincias no tuvieran concellos y comarcas en donde viven personas que tienen problemas y demandan representantes para que busquen soluciones.

En fin, que cambian algunas caras, pero en el Parlamento habrá más de lo mismo: un grupo de políticos dispuestos a aplicar viejas ideas y recetas que no sirven para situaciones nuevas, como esta que nos toca vivir.

Dirigir y gestionar al país –desde el gobierno o desde la oposición– en medio de la crisis y con las imposiciones de Bruselas vía Madrid, requiere políticos ilusionados, realistas y capaces, muy capaces, para elaborar y desarrollar unos programas que recuperen la economía y la ilusionen a los gallegos, profundamente deprimidos y “asoballados” por la crisis.

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