¿Otra catástrofe?

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No salimos de eventuales catástrofes. A la climática pronosticada por los pregoneros del calentamiento global se ha  sumado la económica que anuncia el Fondo Monetario Internacional (FMI) por boca de su nueva directora gerente,  la rumana Kristalina Georgieva: “desaceleración sincronizada”. Afectaría al 90 por ciento de los países y  haría que el crecimiento caiga este año a su tasa más baja desde comienzos de la década. Los flujos de comercio se han paralizado “casi por completo”, dice alarmada.

A su juicio, la situación es tan precaria que, de forma similar al compromiso del G20 en 2009 para lanzar un estímulo conjunto, si la desaceleración es más pronunciada de lo previsto, podría ser necesaria una respuesta fiscal coordinada e incluso una política económica sincronizada. ¿Excesivo y precipitado alarmismo?

Para el FMI resulta claro que la causa y raíz del agudo frenazo son, en especial, las guerras comerciales iniciadas por Estados Unidos y extendidas mundo adelante; una escalada proteccionista, que estima podría suponer para la economía mundial en 2020 una pérdida de alrededor de 700.000 millones de dólares (640.000 millones de euros); esto es, en torno al  0,8 por ciento del PIB o algo así como el tamaño de toda la economía suiza. 

La directora gerente de uno de los principales oráculos de la economía global prepara así a los mercados para las negras evidencias que se pondrán sobre el papel esta semana que entra en la asamblea del FMI y  Banco Mundial, donde se hará público el informe con la actualización de las proyecciones económicas mundiales.

Los pronósticos a  la baja afectarán muy previsiblemente también a España. Si en línea con otras altas instituciones las revisó al alza en el informe de julio y consolidó el papel de nuestra economía como el motor del crecimiento europeo, no se espera lo mismo en el que está al caer. Al contrario: los analistas prevén “serios ajustes”.

Georgieva ha insistido en la necesidad de desarrollar reformas estructurales para aumentar la productividad y evitar el “crecimiento mediocre”. Y ha pedido a países como Alemania, Corea del Sur y Holanda, que cuentan con margen presupuestario para hacerlo, que impulsen un aumento del gasto, sobre todo en infraestructuras e I+D para impulsar demanda y crecimiento.

De todos modos, habrá que ver qué sucede con la nueva ronda de negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China iniciada en Washington y con el encuentro que el propio Trump mantuvo el viernes con el jefe negociador chino, el viceprimer ministro Liu He. El enfriamiento de la economía global es un factor de riesgo que a ambas partes interesa despejar cuanto antes.  

Acuerdos en cuestiones puntuales podrían abrir camino para repensar o  retrasar la entrada en vigor de las anunciadas represalias comerciales contra Pekín. Pero ya se sabe lo imprevisible que resulta el presidente norteamericano y lo amigo que es de utilizar los aranceles como herramienta da presión.

¿Otra catástrofe?