NÁUFRAGOS

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Cuando se está en peligro de naufragio, la nave está zozobrando o ya claramente en proceso de hundimiento, algunas reacciones humanas son imprevisibles, entre la serenidad y el terror hay muchas variables, como la de quien intenta salvarse a cualquier precio o, por el contrario, la de quien generosamente se olvida por completo de su suerte y se afana por ayudar a quien más lo necesite. Los que han sufrido realmente esa situación, que la mayoría solo hemos visto en películas o leído en relatos, han sido testigos y protagonistas de actos de gran cobardía o enorme heroísmo.
El mar es terrible, como la vida misma, por eso quienes lo conocen bien saben lo que puede suponer naufragar.A mí un simple “cucharón” en medio de una tormenta, ya me ha dejado huella para el resto. Si uno se embarca corre riesgos y casi siempre los enfrentará, salvo excepción, de forma semejante a como lo haría en cualquier otra circunstancia de la vida. Hay quien tiene mucho que perder, o eso cree él, y solo piensa en su propia salvación. Por el contrario un buen capitán sabe que no puede abandonar la nave, por lo menos hasta que no haya hecho todo lo humanamente posible porque los demás se salven, e incluso ni aún entonces.La locura máxima en un naufragio es la de quien, por inconciencia o por ofuscación, en vez de procurar salvar la nave o a los que en ella van, contribuye con su comportamiento a que el naufragio sea completo.
Lamentablemente también en este aspecto en la vida pasa igual, como ha demostrado el comportamiento de muchos durante la malhadada crisis, que han antepuesto los intereses particulares a los generales. Y no me refiero solo a aquellos que se comportan de una forma egoísta e insolidaria, sino más bien a los que con la excusa de salvar el barco, contribuyen a su hundimiento A los que están todo el día protestando y criticando las soluciones que, más o menos acertadas, se intentan dar a los problemas. A los que anteponen sus criterios de partido, grupo o sindicato a la colaboración para que la situación mejore, aunque sea renunciando parcialmente a seguridades y privilegios; mientras que muchos, posiblemente los que lo están pasando peor, se afanan por salir adelante ayudando a los demás, a veces de forma anónima o privada.
No son siempre los defensores de lo público quienes realmente ayudan a que el barco no siga zozobrando, también en lo público hay mucho chiringuito egoísta, y detrás de ese supuesto afán solidario frente a lo privado, puede haber intereses no tan legítimos ni justificados, que pueden llegar a hacer que la nave realmente se vaya a pique. Siguen siendo las actitudes personales las que resultan decisivas a la hora de enfrentarse a un peligro como el naufragio.

 

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