PÁJAROS Y PÁDEL

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Los pájaros no juegan al pádel, no es el título de una novela o película de humor o terror, es sólo el deseo de entonar un sentido planto por esas infelices aves que han tenido la mala suerte de estrellarse contra las altas cristaleras de una pista recientemente ubicada en la finca A Tafona de Caldas de Reis. Instalación de propiedad, creo que municipal, pero que explota un empresario local, que no halló mejor lugar para ampliar su negocio deportivo que ese espacio público.

Respetables autoridades municipales, empresarios ejemplares, cómo culparlos, ¡por Dios!, sé que son los pájaros los que han de rehuir las cristaleras del recinto, pero no se trata de echar o quitar culpas, ni de una colisión de derechos, sino de expresar la profunda pena que me produce el contemplar una urraca caída en su interior y los dos mirlos del exterior, antes fueron otros. Son sólo pájaros, lo sé, pero qué quieren, entristece pensar que fue la misteriosa astronomía del vuelo la que los condujo a tan triste fin. Quizá ese aciago día se levantaron raudos escapando de alguno de sus muchos miedos para ir a caer en el peligro de esta inocente trampa.

La pista, es lo que es, no se inmuta, pero ellos son de carne y pluma, y antes de chocar contra los cristales tenían un corazón similar al nuestro latiéndoles feroz en el pecho. De ahí que me ponga de su lado, afirmando que ellos al contrario que los hombres no juegan, sino que se la juegan en el pádel.

PÁJAROS Y PÁDEL