Concordia en tiempos de coronavirus

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os valores democráticos, las llamadas cualidades democráticas, parten del respeto profundo a las personas, a la dignidad que les es propia, y del reconocimiento de los derechos humanos. Hoy, sin embargo, estos principios básicos del Estado de Derecho vuelven de nuevo a estar en el candelero precisamente por la obsesión, derivada del pensamiento ideologizado, de hacer política para dividir, para fraccionar, para abrir heridas y para cerrar puertas. Este comportamiento político y social es bien conocido y obedece a un intento de imposición de determinados criterios ideológicos que se definen dialécticamente a través de la continua y permanente metodología de la contraposición y el enfrentamiento, sea sutil y sibilinamente, sea de forma grosera o palmaria. Ayer en el debate del Congreso pudimos observarlo claramente.
Hoy, en plena crisis del coronavirus, los españoles pedimos que se siempre concordia, que se genere confianza en la vida política, social y económica, que todos se dirijan al objetivo común: salvar vidas humanas y poner cuanto antes España a andar de nuevo con paso firme y seguro. Sin embargo, no hay que ser muy inteligente para caer en la cuenta de que, una vez más, se actúa dominado por el virus de la “ideologitis”, no se tienden puentes ni se cuenta con todos los sectores sociales, económicos y políticos para resolver satisfactoriamente la crisis.
La concordia hay que sembrarla, tejiendo acuerdos con todos los sectores, buscando complicidades, con una actitud sincera, no calculadora a través de una estrategia cortoplacista a base de generar sutil o groseramente la división y el enfrentamiento. Algunos no son conscientes de que la vieja política está quedando atrás y de que las operaciones de manipulación y control social tienen sus días contados. No se dan cuenta porque la “ideologitis” les puede, les ciega y no pueden percibir la real realidad. 
Hoy precisamos de líderes que antengan el bien común al bien particular, lideres con mentalidad abierta, capacidad de entendimiento y un irreductible compromiso con las personas, sobre todo con las más frágiles y vulnerables. ¿Es tanto pedir?
Por eso, precisamos normas globales que definan altos patrones y estándares de buen gobierno, especialmente en situaciones de crisis. 

Concordia en tiempos de coronavirus