Trescientos y pico

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En la batalla de las Termópilas hubo trescientos troyanos. Cierto. Y un pico de otros siete mil nachos (más o menos, que no salieron en la peli), de distintas procedencias. A la última Diada, la Delegación del Gobierno dice que en Barcelona acudieron trescientas cincuenta mil personas; y la Guardia Municipal dice que un millón. Diferencia: seiscientas cincuenta mil personas. Está más claro que dios: Alguien miente, o cuenta como el culo. 
Lo cierto es que, según lo que enseñaron en la tele, y vi in situ, hubo un chorrón de gente; y de trescientas cincuenta mil, nada de nada. En realidad asistieron un millón trescientas setenta y cinco mil doscientas siete personas y yo, sin contar a los políticos, que coparon la Plaza de Cataluña y calles adyacentes hasta donde la vista no llegaba. Como estuve, los fui contando uno a uno, salvo que se me escapara alguno que fuera a hacer pis. Lo pasé como dios. Pero los ojos aún me hacen chirivitas. 
 

Trescientos y pico