El listo de Cañete

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Yo cuento a mis nietecitos, como cualquier abuelo, cuentos variados. No solo los archisabidos clásicos: Los Tres Cerditos, Blancanieves, Pulgarcito, etc., si no otros de mi cosecha que, por no ser conocidos, acaparan más su atención.
Entre ellos, una versión de Caperucita Feroz, que se comía al lobo rojo, La Puerca Lorenza. la de la trenza, y la Tonta de Cañete (que era tonta hasta el tuétano). Hasta aquí bien. Pero, miren por dónde, de este último, tengo una nueva versión: El Listo de Cañete. Se trata de un señor que era accionista de una empresa petrolera, que se dedicaba a vender gasofa en Gibraltar para su reventa desde un barco surtidor, compaginando su trabajo como ecologista. Un día, alguien se enteró del asunto de la gasofa, y el Listo de Cañete se quedó con el culo al aire, nadie quiso saber nada de él, tuvo que dimitir como ecologista, y dedicarse a plantar cebollas como p… Y colorín colorado…

 

El listo de Cañete