LA ONÍRICA BREVEDAD

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En el Rosalía, ciclo principal, debutó Asunción Balaguer con “El tiempo es un sueño”. Aforo completo para observar la sombra oscilante de Paco Rabal, actuando sobre la esposa que lo añora y lanza al viento hojas de calendario biográfico: niñez, juventud, vocación, actriz profesional en el recuerdo de un norte triunfador. ¡Lástima que el texto adolezca de superficialidad cuando la fuente parecía rica en contenidos emocionales! No hay fuerza dramática. Las anécdotas se cuentan pero no convencen. Frívola la propuesta escénica.

Queriendo decir mucho se escamotea la hondura de unas vidas llenas de complicada sencillez, donde lo menos relevante son los “cómos”, las formas, pues lo primordial son los cuándo que transforman potencias, deseos y voluntades, en actos.Pese a la conmovedora dulzura, suave persuasión, agilidad mental de la gran actriz, deslizándose como nube escénica que proclama libertad y tesón, los años pesan y el dulce pájaro de juventud se encierra voluntariamente en jaula limitada por espacio y tiempo…

Vale como pequeño divertimento, rima poética que celebrar. Sin embargo, pese a la firme dirección técnica, encuadre musical e iluminación, las historias contadas se resienten y chirrían por su laconismo. Lo bueno y breve dos veces bueno, pero un espectáculo profesional –por exigencias pactadas y consagradas por el uso de calidad, precio, duración- no puede despacharse en cuarenta y cinco minutos escasos, conforme patentizaron discretamente en sus comentarios los espectadores defraudados…

LA ONÍRICA BREVEDAD