Assange se quedó sin el escudo

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JULIAN Assange, el informático más conocido del mundo, pero al que ningún empresario confiaría la seguridad de la red de su compañía, es un pesado profesional. Siempre tuvo un aspecto enfermizo, como si un virus hubiese saltado de un ordenador de WikiLeaks a su organismo y quizá haya sucedido, porque sus entendederas van lentas. Ecuador, en cuya embajada en Londres se refugió en 2012, le avisó en 2017 de que le cortaría internet si no dejaba de dar la lata con tuits que comprometiesen sus relaciones diplomáticas. Assange no hizo caso y llegó a colgar 40.000 mensajes de apoyo a Cataluña. Además, según desveló un amigo suyo es un auténtico cerdo. No se ducha, es capaz de pasarse días y días sin cambiarse de ropa, lo come todo con la mano y se limpia en los pantalones. “Nunca he visto unos pantalones tan grasientos”, confesó su colega. Para colmo le pegó a dos guardias de la legación diplomática. Aún tardó el Gobierno ecuatoriano en entregarlo a la Policía británica.

Assange se quedó sin el escudo